16 ene. 2014

Un poema de Luis Pérez Oramas






















No llevo agendas, nunca he podido
enumerar mis días con la suavidad discreta
del esfuerzo y los combates.
De ocios nací y me he crecido.
Me gustan los perros grandes, tristes y espumosos
la timidez acobijada de la gente
y la afilada manera de los viejos.
He tratado inútilmente de caer enamorado
de las cosas
y las cosas han caído, se han perdido
han estado suspendidas en mi tiempo.
He tratado inútilmente de incluirlas
en la evanescente cartografía de mis ganas.
A veces sueño
que me sueñan
y deseo que me desean.
He descubierto con sorpresa, resignado
a mi cuerpo en las ventanas
incómodo de estar, quedándose.
Quisiera llegar, si me lo es dado, al día
con la matinal limpieza de este instante.
Quisiera hacer, antes del día, un gesto
alegre y melancólico
(como aquella foto de Lartigue
en la que las olas explotan).
Voy a moverme sutilmente en la penumbra
del presente
y quisiera envejecer en su escondite.


Luis Pérez Oramas
Tomado de: La gana breve, Caracas: Pequeña Venecia, 1992; p. 34.

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