12 may. 2013

Henrique: (soy profesor universitario) gracias por tu recomendación, pero la considero equivocada

© Hernán Zamora

Cuadro elaborado por el Prof. Carmelo Marzullo S.





















La situación de conflicto que las universidades autónomas sostienen ante el régimen es sumamente compleja y proviene, a mi entender, de dos hechos indisociables: el primero, la decidida actuación de las universidades autónomas de no ceder ante las pretensiones de los conductores del régimen, que sólo quieren sumisión a sus designios, acostar a las universidades en sus lechos procusteanos, vestirlas de celestinas para seducir a nuestros conciudadanos, callando u ocultando las equivocaciones o negligencias en las que desde sus inicios incurre el cogollo peseuvista. El segundo hecho deriva de aquel: la sostenida acción de la cúpula autócrata de intervenir presupuestariamente a las universidades, cercándolas, sometiéndolas al desgaste, llevándolas lentamente hacia una, en apariencia inminente, paralización. En pocas palabras, el régimen sólo ha practicado una pseudopolítica de manipulación y chantaje contra las universidades autónomas.

Una de las estrategias ha sido mantener divididos a los gremios que conformamos a la institución universitaria. El régimen lo ha intentado al impedir elecciones, convocar a diálogos excluyentes, sostener impunidad ante las acciones de grupos violentos y delictivos; también lo ha realizado casi eficientemente al congelar el presupuesto universitario desde hace siete años; [1] amén de un largo etcétera. Sólo hasta este momento empleados, obreros, estudiantes y profesores nos reconocemos unidos ante una evidente realidad: la situación para todos es insostenible. 

Por eso considero un error reducir la acción del paro universitario sólo al problema de dar o no dar clases. En mi opinión, Henrique, te equivocaste. Transcribo algunas de tus palabras, dichas durante tu participación en la asamblea de ciudadanos realizada en la Plaza Glorias Patrias de Mérida: 

«Yo lo que le pido a los profesores (…me lo preguntaban ayer…) yo me permito darles una recomendación: no hagan paro. Hagan jornadas de 24 horas; den clases a las dos de la mañana. 24, 48 horas. Hagan una corrida de clases: 48 horas continuas de clases; pa' que vean que ustedes están allí, para formar al futuro de Venezuela. Y los estudiantes los van a acompañar. Y Venezuela y el mundo los va a acompañar. No paren las actividades, más bien al revés. Métanle 48 horas seguidas. A las tres de la mañana ustedes están ahí. Y si se fue la luz, con una vela dando clases. Porque ustedes no son políticos, ustedes lo que están reclamando es justo. Pero seamos creativos. No permitamos que el gobierno logre lo que ellos quieren. Ellos quieren que se paralicen las actividades (los del gobierno). Demos una demostración contundente que aquí lo que queremos es clases, educación, formación. Aquí queremos educación todos los días para todos los venezolanos.» [2]

Además de que sí soy político (no politiquero, ni profesional de la política, pues sé que entiendo y ejerzo a diario la política mejor que muchos de los que en nuestra Asamblea Nacional usurpan el más elevado sentido de esa palabra); así como tampoco considero que el asunto pueda juzgarse desde la pretendida espectacularidad mediática que se esconde tras la invocación de “ser creativo”; permíteme decirte Henrique que no se trata sólo de “dar clases”. No se trata de un problema sólo desde la perspectiva de un supuesto estudiante “victimizado” por la ausencia del profesor. 

Desde el uso cotidiano la palabra profesar puede vincularse a dos voces latinas con significados entrelazados: proficio (de pro, delante, ante, a la vista; y facio, hacer) y profiteor (también compuesta de pro y fateor, manifestar, declarar). La primera alude a una acción: avanzar, adelantar, progresar. La segunda, denota declarar abiertamente, reconocer públicamente, confesar, dar testimonio y, en consecuencia, connota comunicar. Desde la primera, actúa el profesional consciente y activo de cualquier quehacer; desde la segunda lo hace, muy especialmente, el maestro, es decir, quien profesa el deseo de aprender

Lo que fundó a la escuela, a la academia, al liceo, al colegio o a la universidad fue un mismo y primordial principio: el deseo de aprender. Es en este deseo donde se asienta la diferencia entre la profesión de un maestro y un profesional de cualquier otra actividad humana. Un maestro profesa el aprender. En cualquier otra actividad, se profesa el hacer que esencia a esa actividad; por ejemplo, un médico profesa cuidar la vida; un ingeniero profesa realizar lo inventado; un periodista profesa comunicar lo que informa; un arquitecto profesa imaginar lo edificable. 

El deseo de aprender es el que hermana a profesores y estudiantes y ese deseo precede a la vocación de saber enseñar, es decir, a la docencia. 

Así que el principio activo de la universidad es el estudiar y de él deriva el investigar. Estudiar e investigar son las actividades fundadoras de todos los saberes que se cultivan desde la Universidad. 

He sido testigo, por ejemplo, de cómo una señora secretaria comenzó a trabajar apenas sabiendo redactar un párrafo. He sido testigo de cómo esa misma señora, con empeño, tenacidad, dedicación, hoy por hoy es una secretaria que todos admiramos y que colabora, con una mística ejemplar, a cumplir las tareas administrativas que tan necesarias son en el día a día a día de la institución. Esa realidad no dependió de un “dar clases” sino de un deseo de aprender. Sin embargo, a pesar de su esfuerzo y lo importante de su trabajo, el sueldo de esa señora no cubre la mitad de la canasta básica (lo que es peor si observamos que además es madre soltera).[3] Esa condición es similar para muchos de nuestros trabajadores universitarios, llámense empleados, obreros, vigilantes o docentes. 

Circula desde hace pocos días una noticia acerca de la posibilidad de que le reduzcan el ancho de banda a las universidades «…debido a su subutilización, (…) pues muchas instituciones no la aprovechan adecuadamente…» [4] Pues bien, si eso fuese cierto, no sería sino otra gota de lluvia más sobre lo mojado. A la universidad la encerró el régimen en una habitación y la encadenó en una esquina, con el grillete de la insuficiencia presupuestaria por el cuello. Además de eso, la habitación cuenta con muy pocos equipos obsoletos, mobiliario sin mantenimiento, y para colmo le han ido clausurando las ventanas de las publicaciones y los libros en las bibliotecas. Como la universidad no se acerca a las ranuras que quedan, porque la cadena se lo impide, entonces ahora se le reduciría la habitación porque la está “subutilizando”. Dicho de otro modo: si no se tienen los recursos necesarios para investigar, si no hay el ambiente propicio para que ello ocurra y si además todo atenta contra la salud intelectual de la nación (piénsese en la inseguridad, el culto a la violencia, la precariedad de los sistemas de transporte público, etc.) ¿quién puede estudiar?, ¿en qué condiciones puede acontecer el estudio? La situación está vigente, independientemente de la veracidad de aquella noticia: el deseo de aprender está a punto de ser mutilado por la insuficiencia general de los recursos y las condiciones materiales, técnicas y ambientales. 

La imagen que tengo es que esa cadena fue diseñada de tal modo que, a cada movimiento, a cada segundo que ha pasado desde hace catorce años, el grillete se ha ido apretando más y más alrededor del cuello de la Universidad. 

La Universidad no es una empresa japonesa, que verá afectada su posición en el mercado mundial y sus ganancias por los problemas que se le originen a partir de una sobreproducción, como acción de protesta de sus trabajadores. ¿Cuántas veces habrá que “dar clases” de manera continua por cuarenta y ocho horas para impedir que el régimen logre “lo que ellos quieren”? ¿Por qué no lo hemos logrado en el transcurso de estos catorce años? ¿En qué punto se produce el quiebre, la fractura, la pérdida? 

Todos los trabajadores de las universidades autónomas hemos aportado el deterioro de nuestro nivel de vida para mantener las actividades. [5] ¿Hasta cuándo podremos resistir? 

Pero no eres el único equivocado. Hay estudiantes que tampoco lo comprenden, que lo ven sólo desde la perspectiva del “recibir clases”; a veces, sin preguntarse por quiénes, desde dónde, cómo y en cuánto se financian esas clases para ellos. Pero quizás lo que más me preocupa es la incomprensión de algunos de mis compañeros de docencia: algunos de ellos se niegan al paro dejando entrever que quienes pensamos que ya no queda otra medida, somos menos “creativos”, que estamos “afectando” a los estudiantes, que no podemos “entregar” el espacio. Me atrevo a afirmar, sin temor a equivocarme, que quienes así se expresan no dependen realmente de su sueldo como profesor para sostener a su familia. 

Yo voy al paro de clases. Apoyo el paro de actividades administrativas. 

No pararé de estudiar ni de investigar, porque ello lo hago como respirar. 

Estudiar no es un acto mediático, es íntimo. No convoca masas, no hace ruido. No es noticia. Cuando mejor se hace es a través del compartir las silenciosas voces que nos aguardan en las bibliotecas para conversar sobre lo escrito. También, cuando conversamos escribiendo a personas que no están físicamente con nosotros, pero que nos aguardan en un futuro, aunque ninguno sepa cuándo será, ni dónde. 

El paro productivo que puede hacer un docente es el del estudio silencioso. Es ese el que puede durar las 24, 48 horas que pides y más, muchas más. Pero sin gorras, sin franelas, sin provocaciones; pero tampoco actuando como si estuviésemos en un mundo feliz. 

Yo, como tú, también quiero educación todos los días y para todos los venezolanos. Por eso, aunque sienta que ya casi no puedo ni hablar, estudiaré hasta que el grillete me quite el último aliento.


Notas:
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[1] Ver noticia del Vicerrectorado administrativo de la UCV: “Rectores alertan sobre efecto de la devaluación en presupuesto universitario”, del 20/02/2013.

[2] Véase en el sitio web de Globovisión la noticia de fecha 11/05/2013, titulada: "Capriles: Exijo al Gobierno que se reúna con las universidades y aumente el salario a profesores y trabajadores". Transcripción de lo dicho por HCR en la asamblea de ciudadanos que se efectuó en la Plaza Glorias Patrias, de Mérida, a partir del video incluido en la nota periodística, en el lapso comprendido entre 00’:07”- 01’:33”. Transcripción hecha por HZ.

[3] Ver artículo en Código Venezuela, titulado: “Según el CENDES, la Canasta Básica aumentó Bs. 1.636,36 en un año” (20/03/2013).

[4] Ver: “El CENIT reducirá el ancho de banda a las universidades venezolanas”; post del día 10/05/2013, en el blog Periodismo en línea, de la profesora (ULA) Raisa Urribarrí.

[5] Pueden consultarse dos estudios sobre el deterioro del sueldo del profesor universitario: uno, el ya citado en la ilustración que encabeza este artículo, realizado por el Prof. Carmelo Marzullo (a través de su cuenta en Twitter: @cmarzullos; o descargándolo de: RelacionSueldosUniversitariosEnVenezuela.pdf). El otro, es el elaborado por el Prof. Tomás Guardia, que puede descargarse como presentación de powerpoint a través del siguiente vínculo.


5 comentarios:

Pablo E Alvizu D dijo...

Decir cualquier cosa no alcanzaria para agradecer este escrito... doy gracias por poder leerlo. gracias por dar mi grano de arena para q otros lo lean. Sencillamente GRACIAS

Hernán Zamora dijo...

Muchas gracias a usted, Pablo, por la gentileza de su lectura.

José L. Araujo B. dijo...

Muy bueno su artículo. Me permitiré el atrevimiento de comentar partes de este a mis estudiantes, pues ellos son las victimas presentes y futuras de la situación actual de la universidad Venezolana. "Yo también me pregunto, que hacen o de donde obtienen ingresos extras quienes no apoyan el paro, a mí no me alcanza"

Silvia dijo...

Mil gracias por mostrar su punto de vista, acertado por demas.
Yo tan soñadora como cuando inicié mi vida universitaria, sigo empeñada en sembrar en mis estudiantes las ganas de aprender, de todo, para todo y por todos; pues éste país necesita gente "pilas" (en el buen sentido claro está) Pero Cómo motivarlos sí no podemos experimentar? los pocos reactivos viejos, los equipos más viejos aún, y aunque la biblioteca ayude, nada cómo la observación directa; o los artículos con los estudios más recientes de temas. La tristeza es tan grande que al hablar de esto con mis estudiantes siempre me pregunto, si estoy haciendo lo correcto o sólo los desanimo. Debemos crear conciencia.Aún cuando no había mucho en casa, mamá me decía, ESTUDIA PARA SALIR ADELANTE QUE HAY UN MUNDO POR DESCUBRIR. YA SALDREMOS DE ÉSTA. LA VIDA ES UNA SOLA Y DEBES APROVECHARLA. Bendiciones y discúlpeme por lo largo, pero sus palabras me llegaron.

candelaria dijo...

Profesor agradezco las palabras y comparto cada una de las reflexiones que permitieron generar el texto que es el sentir de cada uno de los que conformamos la comunidad universitaria en Venezuela!!!!