13 abr. 2013

Rayar paredes: entre Arquitectura y violencia

© Hernán Zamora


Me ha costado mucho escribir esto.

El 4 de febrero de 1992 fijé una posición: pienso que el militarismo es una tara de nuestra sociedad. También pienso que el régimen liderado desde 1998 por los autores del golpe de aquel entonces ha sido esencialmente militarista, además de clientelar, discriminatorio, negligente y corrupto. Ello, sin embargo, no me impide considerar y compartir algunas de sus proposiciones; incluso creo logradas algunas obras realizadas por algunos comprometidos funcionarios admiradores del caudillaje. Pero en conclusión, repruebo el retrógrado y autocrático mandato del hegemón, sobre todo, por la muy errática, perversa e ineficiente actuación de los principales integrantes de su entorno, al que se une la sumisión de los dirigentes de las otras instancias de la estructura estadal. Me expreso entonces desde una oposición severamente crítica y aún no radical, de esta dictadura ademocratizada con serios rasgos de tiranía en creciente proceso de consolidación.

Me ha costado escribir porque, finalmente, siendo tan solo una persona cualquiera, otro ciudadano más de esta nación herida, intento sostener la expresión pública y, por tanto, política, de mi ciudadanía, desde otras dos enunciaciones de mi ser: arquitecto y universitario.

Soy arquitecto en un país que se odia cuando se planifica. Soy arquitecto en un país en el que la clase política, por generaciones, ha sido y se mantiene obcecadamente ignorante, indolente y corruptora de las posibilidades del saber arquitectónico para colaborar en el adecuado desarrollo de nuestra nación. Soy un arquitecto en un país donde pensar está devaluado; donde la incontenible acumulación de urgencias ha hecho del Estado un mórbido obeso de parafernálicos ejecutivismos, cultor de un pragmatismo desmedido y obsceno. En ese mismo país descrito soy universitario. Soy universitario donde estudiar con perseverancia, investigar con pasión y conversar metódicamente para construir saberes, vale menos que un fusil, muchísimo menos que un vehículo oficial, absolutamente nada ante la propaganda proselitista del partido dominante. Soy universitario donde un profesor gana menos que los zapatos que calza el ministro de energía; donde el presupuesto mensual de una facultad es menor que el mobiliario de su oficina; donde la cantidad de metros cuadrados de aulas es ridículamente menor que la de oficinas burocráticas dedicadas a vigilar, controlar y castigar la vida de los ciudadanos. Soy universitario en un país donde una ministra ha estado más dispuesta a negociar con un “pran” que a debatir con un maestro que la adverse.

Me ha costado escribir porque habito un país donde la palabra vale nada y cada vez más es usada como piedra, cuchillo, bala.

Así son las palabras que decían hacer de las paredes de la UCV “el periódico del pueblo.” 



Son palabras que nada tienen que ver con aquel “Bonjour Tristesse” que un genial grafitero escribió en un edificio de Berlín. O esa otra forma ingenua de las palabras, que son los dibujos – sonrío de gratitud al navegar entre los poemas visuales de Bansky en Londres, Nueva York y en todas partes; por la gracia del “pequeño Igor” de Emfor en el distribuidor de Altamira; por la amabilidad  de las miradas a las que nos acerca Ergo, en algunos otros rincones de Caracas.



No. Escribir o dibujar duele cuando se convierte a las paredes de la UCV en pasquín y panfleto. Escribir o dibujar es ignominioso cuando violenta y degrada el paisaje urbano, los espacios públicos.

¿Cómo es posible que el primigenio y creador acto de rayar las paredes torne en un acto de violación? ¿Cuán alejado puede llegar a ser de aquellos dibujos rupestres sobre las hazañas de un día, o del de un arquitecto imaginando otros mundos, o de los palimpsestos tramados por sabios sobre un pizarrón? Porque eso son las paredes, artefactos con los que representamos horizontes, con los que recreamos el horizonte, ese primer acto de imaginación del ser humano: el espacio donde cielo y tierra se unen.



Los corredores de la Ciudad Universitaria de Caracas, donde al caminar conversando nos unimos a la conversación que por siglos ha sostenido la cultura occidental; estos generosos corredores de la UCV, donde participamos de la tradición de aquellos que dilucidaban el universo recorriendo los peripatos, en torno a la acrópolis, o en las estoas del ágora, o a ras de los templos; estos corredores, nuestros, fueron violentados en la madrugada del pasado 2 de Abril.


El hecho no quedó ahí: varios estudiantes resultaron heridos en una trifulca que se formó cuando algunos intentaron remover una pancarta de propaganda en favor del usurpador presidente. Después de las paredes rayadas, se generaron más maltratos, amenazas, persecuciones. Un círculo vicioso que, con base en el discurso de los que hoy gobiernan de facto, pareciera que no cesará; al contrario, para mayor mal, a su sombra, recrudecerá.

Hace once años conversaba con dos amigas que se identificaron desde el principio con la entonces emergente propuesta bolivariana. Ellas me ayudaron a concientizar los diversos y muy terribles matices con los que la violencia se venía apoderando de nuestras vidas y que, en esos días, alcanzó los niveles de otro golpe de Estado. (Plutócratas y militaristas expoliando a la nación por enésima vez). Una de ellas emigró y la otra se ha comprometido absolutamente con el partido imperante. Desde entonces no conversamos. ¿Qué pensarán ahora cuando la violencia es una tempestad que tanta  ideología ha ventilado? Las torceduras discursivas para justificar son inverosímiles, tal como vi que hacía uno de los participantes del reciente foro de Sao Paulo, al afirmar que la polarización que sufrimos en Venezuela no es imputable al gobierno sino a la explotación que la “burguesía capitalista” efectuó sobre el pueblo antes de que comenzara esta sucesión de periodos cuajando conflictos.

Hoy también me pregunto qué piensan mis compañeros universitarios simpatizantes, seguidores o actores de las políticas oficialistas. No tengo razones para dudar de su compromiso, de su responsabilidad y deseo de hacer una buena labor. Pero no logro comprender cómo pueden justificar tanto atentado contra la UCV, cómo se silencian ante los abusos y violaciones del alto gobierno y sus grupos de choque. Me temo que, en su anhelo por alcanzar sueños y utopías, quizás han confundido su legítimo sentimiento de ser leales con actitudes teñidas de permisividad, connivencia, confabulación. No soy quien para juzgarlos.

Todo este estado de cosas debe cambiar. Catorce años de poder cedido al mismo conciliábulo de personas que han decidido excluirnos a la mitad de los venezolanos es suficiente, debe terminar.

Votaré desde el hecho cierto de que soy un ciudadano venezolano, y lo haré con la esperanza de que ser arquitecto y universitario en Venezuela signifique colaborar  con un país decidido a edificarse con paz, alegría, respeto y responsabilidad; un país que se proyecte con ciudadanía, justicia y excelente Arquitectura. Donde las paredes las rayen niños felices, artistas que recrean nuestros paisajes y profesores que escriban y dibujen sobre luminosas pizarras de entusiasmo, inteligencia y amistad.



P.d.: en la noche del 11 de abril reciente volvió a ocurrir otro atentado contra personas en la UCV: desconocidos irrumpieron en mitad de una obra de teatro que realizaba la actriz Norkys Batista, lanzando bombas lacrimógenas y aterrorizando al público. Como se sabe en Venezuela, la actriz ha sido vetada por el ministro de Turismo. Esa conjunción de acciones gobierno-terroristas es un caso de rasgos claramente fascistas.



* * * * *
Fuentes de las imágenes:

* Grafitti “Love Revolution”; imagen muy difundida en Internet. Entendemos que está basada en el título "It Is Time for a Love Revolution", del octavo álbum de estudio del músico de hard rock, estadounidense, Lenny Kravitz, de 2008.

* Louis I. Kahn dibujando sobre un pizarrón, durante una conferencia en Rice; fotografía de Martin E. Rich. Tomada del libro: Wurman, Richard Saul (1986) What will be has always been. The words of Louis I. Kahn. New York: Rizzolli. p.2

* Albert Einstein durante una conferencia en Vienna, 1921, fotografía de Ferdinand Schmutzer. Tomada de Wikipedia.

* Ludwig Wittgenstein en Swansea, fotografiado por Ben Richards, 1947. Tomada de Wikipedia.

* Pintura rupestre paleolítica en las cuevas de Altamira, Cantabria, España; en la entrada titulada "Técnicas pictóricas del arte mural paleolítico", escrita por Francisco Gijon el 18/10/2012, en el blog: Historia incompleta de España.

* Clase de Geometría descriptiva en la página del Profesor Juan Cordero Ruiz, del Departamento de Dibujo de la Facultad de Bellas Artes, en la Universidad de Sevilla.

* Grafitti “Bonjour Tristesse” en el edificio de viviendas diseñado por el arquitecto portugués Álvaro Siza, entre 1981-1984, en Berlin, Kreuzberg, Schlesische Straße 7; fotografía de Frizztext, en Flickr, del 30/06/2007.

* Grafitti Pequeño Igor”, en el distribuidor de Altamira, Caracas, por Z-M4; a través de BlogZup, en la entrada "Top: 50 Graffitis de Venezuela", por Karakenio, del 22/07/2001. 

* Mural de Ergo y El-Ale en Santa Eduvigis; a través de Estencil Venezuela; 09/04/2010. 

* Paredes rayadas de la UCV con consignas en pro del candidato oficialista. Fotografías tomadas por un amigo.

* Albert Einstein en 1921, parado ante un pizarrón en el que se han escrito cálculos matemáticos; fotografía de Hulton/Getty.

* Cueva de las Manos, río Pinturas, en Santa Cruz (Patagonia argentina), 9300 adP; tomada de Wikipedia.









5 comentarios:

Mitchele Vidal dijo...

Indignante, porque quienes agreden el campus de nuestra UCV han salido de sus aulas -o siguen en ellas- recibiendo educación y así le pagan.

Triste, porque dado el odio que tiene este gobierno por las instituciones no les provee recursos para su mantenimiento; menos aún, para reparar daños como estos.

Insólito, porque quienes cometen este tipo de afrentas lo hacen contra la cultura, contra el patimonio de todos los venezolanos.

LOLA RINCÓN dijo...

Cada una de tus palabras me ha llegado al alma, porque sin duda las has escrito desde el alma... Me tranquiliza saber que aunque rayen y destruyan nuestra UCV, no destruyen a los que como tú se mantienen en pie, dignos representantes herederos de Villanueva, el ilustre creador de nuestra "casa que vence las sombras".
Lola

Alexander Zamora dijo...

Que orgullo primo los que pregonan esos ideales son los que carecen de criterio de realidad

bruno dijo...

No suelo expresarme en palabras, siempre lo he considerado una debilidad, pero quisiera ofrecerle mis felicitaciones por este articulo. Los párrafos que acabo de leer no pueden expresar mejor la situación actual de la ucv, que es un reflejo de lo que pasa a nivel nacional, ademas, del pensamiento no solo mio, sino de la mayoría de los ucevistas y ojala de los venezolanos.

Hernán Zamora dijo...

Apreciados Michele, Lola, Bruno y Alexander, me siento muy agradecido por sus comentarios.

Efectivamente, Michele, resulta casi inexplicable para nosotros que ello suceda. Sobre todo, porque los egresados de la UCV que están en altas posiciones del gobierno actual parecieran odiarla, en la medida en que esta no se pliega a sus ideologías.

Apreciado Bruno, me alegra encontrarnos de nuevo, allende los pasillos y las clases. Recibe mi afecto y mis respetos.

Queridísima Lola, me honras y conmueves con tus palabras. Un gran abrazo. :)

Primo: un abrazo doble, por la alegría de reecontrarnos. :)

h.