15 abr. 2013

Nicolás: aunque soy un invisible, hoy escribo para impugnarte


© Hernán Zamora


El asunto es este, Nicolás: si tú no hubieses sido un usurpador desde el 10E, si no hubieses sido tan manipulador de la nación desde entonces, si no hubieses dispuesto para ti de todos los recursos del Estado; si las rectoras del CNE no fuesen tan serviles a ti y al poder Ejecutivo, como serviles al mismo componente de la estructura gubernamental también son todos los altos dirigentes de las demás instituciones; si no fuesen todas esas las condiciones que constituyen el contexto de las elecciones de ayer; entonces yo podría decir sin ningún reparo que ganaste; que “la mitad más uno” te eligió y, de acuerdo con los principios democráticos, yo estaría en el deber de reconocerte como presidente.

Pero no. Ninguna de esas condiciones estaban dadas, por lo tanto, tengo suficientes razones para dudar de los resultados de la elección de ayer. Así que, políticamente, ayer y hoy, el derrotado eres tú, aun cuando las rectoras te hayan dado cuantitativamente un triunfo cerrado y en estos momentos estén anunciando y preparando tu proclamación sabiendo que impugnamos y exigimos una auditoría total de las votaciones.

Estás viciado de ilegitimidad.

Así que no has “ganado”. Tus adláteres te adjudican algo que no mereces.

Gana el nadador que toca el borde de la piscina unas centésimas de segundos antes, gana el corredor que por unas milésimas toca de primero la cinta, gana el arquero que se acercó un milímetro más al centro. Por supuesto, en todos esos casos, se gana si el atleta no ha incurrido en dopaje. En cambio, tú, Nicolás, has estado dopado de poder desde hace catorce años; tu vicio se ha recrudecido en estos meses y por eso, lo que te han adjudicado es cualquier cosa, menos ganar.

Tengo suficientes razones para dudar de ti y de todo el gobierno. Y te pido, por favor, no desvíes el foco: estoy hablando del gobierno de mi país. Que, por lo que observo y entiendo, te importa mucho menos que el de Cuba. No creo en lo que dice y hace el gobierno, específicamente, del  gobierno que tú dices dirigir. Con ustedes todo se torna opaco, indefinido, falso. Tu discurso de anoche, luego del lamentable anuncio del CNE, así lo confirma.

Tu discurso fue el de una persona que no tiene la más mínima idea del país en que se encuentra y de lo que significa liderar una sociedad polarizada. (Polarización que ustedes han construido tenazmente, bala sobre bala). Por eso, en tu boca, la palabra paz es huera; tus acusaciones de conspiración resultan oropélicas; cuando presentas al gobierno como víctima, me insultas.

¿Cuántas cajas mandaste a votar o a destruir? ¿Crees que podemos aceptar tu bravuconada de que no temes que se cuente el 100% de los votos?

Pero lo peor de tu discurso, Nicolás, es el haber perdido una extraordinaria oportunidad para construir la reconciliación nacional que tanto nos urge. En tu discurso no me respetaste: sigues intentando usar los calificativos de “derechista” o “burgués” como conceptos peyorativos. ¿Puedo insultarte llamándote “izquierdista” o “comunista”? Efectivamente así lo piensas. Tú y tus camaradas se creen y sienten con tal superioridad moral que discriminan y excluyen sin ningún atisbo de duda, sin ningún pudor. Esa discriminación la extienden a la clase social, a la raza, a la sexualidad, a la religión. Todo lo que es “bueno”, “noble” y “elevado” es sólo aquello que ustedes aprecian como tal, lo que ustedes prescriben.  Cualquier versión diferente está excluida. Por eso excluyes a más de siete millones de personas de este país en tu discurso, nos amenazas. ¿Qué sabes tú acerca de quién soy para despreciarme por “derechista”, “capitalista” o “burgués”? Y si así lo fuera ¿quién o qué te da el derecho de despreciarme o excluirme?

Lamentablemente, tengo que reconocer que el hegemón, al menos, en ocasiones, me ponía a pensar. Sin duda, sus electores me pusieron a dudar seriamente de lo que creía pensar sobre Venezuela, luego de las elecciones del 2012/7O.

Aquél le dio otro rostro, otra voz y, en las apariencias, mayor participación política a los humildes, pobres y excluidos de nuestra nación. Eso lo entiendo y lo reconozco. Pasaron de ser el Juan Bimba que ya Acción Democrática había construido a un “miliciano religioso” que ustedes alientan para provecho del poder político de la élite o cogollo que son. Porque, sí, Nicolás, aunque quieras negarlo, déjame decirte que en este momento eres la cabeza más visible de una élite política para la mitad de nuestro país; formas parte de un cogollo que toma decisiones por toda esa población de conciudadanos y, además, actúas como creyendo que tienes un cheque en blanco para hacerlo en nombre de quienes te adversamos. Lo que más me preocupa es que eres un títere de la más infame y abominable dictadura del planeta en este momento: la de la familia Castro en Cuba.

Y ten en cuenta lo siguiente: más allá de los discursos de tu tropa, así como el Juan Bimba no era propiamente un ciudadano, el miliciano religioso aún tampoco lo es. Ser ciudadano en Venezuela, para todos los que habitamos este paisaje, sigue siendo aún un proyecto. En tus manos, casi una quimera. Ser ciudadano en Venezuela es un proyecto para el que tu cogollo ha destruido sistemáticamente la institucionalidad del Estado. Espiritualmente somos una ciudad de posguerra y en este momento tu gobierno está dirigido por un grupo de saqueadores. No saben construir.

Por eso te impugno Nicolás y te exijo que no aceptes la proclamación hasta tanto no se haya hecho una auditoría completa de los votos.

En ningún caso me expreso convocando a ningún acto de violencia. Para mí hay un camino y es civil, constitucional y de progreso.

Hoy estamos parados frente a frente Nicolás. Tú me gritas, vociferas, me acusas de atentar contra ti y me amenazas con todo el poder que te intoxica. Yo estoy parado frente a ti, invisible a tus ojos, silencioso a tus oídos, pero, te lo aseguro, y por eso te escribo con firmeza, estoy viendo sin miedo el absoluto horror de tu mórbida desnudez ética.

Por ahora, sigues siendo tan sólo un usurpador.


* * * * *


P.d.: la rueda de prensa que hace poco dio el jefe de campaña de Nicolás es un acto de cinismo absoluto. Jorge Rodríguez dice que ellos reconocieron su derrota en 2007, pero calla que luego manipularon las leyes para implementar todos los artículos que el referéndum por la enmienda constitucional les había negado. Además, se realizó la rueda de prensa con Jaqueline Farías a su derecha, quien ejerce un gobierno de facto sobre la Alcaldía Metropolitana que ganó correctamente Antonio Ledezma. Todo ello, además, transmitido a través de un canal de televisión que sólo es el órgano propagandístico del partido de gobierno: para ese canal no existen más de siete millones de venezolanos. Razones adicionales para no creer ni una sola de las palabras oficialistas y contemplar el cinismo en toda su crudeza.


Escribo estas líneas escuchando el intenso cacerolazo que resuena en la ciudad. En este momento, Nicolás, consumas tu ilegitimidad.

3 comentarios:

experienceparoles dijo...

Hernán, magnífico texto en el que me veo humildemente reflejada.

Este gobierno de vándalos y ladrones, escudado en la figura de un líder de masas pretende imponernos su "verdad", pretende enseñarnos cómo vivir, humillándonos con la transmisión de programas socialistas en TVES dónde cocinan patas de pollo en cacerolas quemadas y nos enseñan a fabricar toallas sanitarias socialistas cuando ellos se dan la gran vida. Esta gente es corrupta e infeliz. Dios quiera todo trancurra en paz y que la justicia, la democracia y la libertad prosperen para todos los venzolanos, aunque nos hayan intentado dividir tan cobarde y al mismo tiempo vilmente.

Un abrazo afectuoso y todo mi apoyo en esta lucha por el rescate de nuestra casa de las manos de unos delincuentes viciados por el poder y el chorro de dinero negro.

Hernán Zamora dijo...

Muchísimas gracias Betina. Continuemos resistiendo. Abrazos.

leonedott dijo...

Buenísimo. De verdad, me uno. Estamos parados frente a este "señor". Aunque él elija no vernos ni escucharnos, no significa que no existimos.