5 jun. 2008

Vecindad

Mi cuerpo errante se fatiga
de llevarme despacio por la tierra,
de andar conmigo horas y horas
caviloso, al lado de su huésped.

A veces dócil se detiene
para suplirme un ademán, un gesto;
después se suelta de mis manos,
se distrae contemplando las piedras…

Así paseamos juntos la ciudad,
absortos, hostiles en secreto;
él con la forma de mis padres,
su sangre, su materia,
yo con lo que queda de su sueño,
los dos tan cerca que los pasos
se nos confunden en la niebla.


Eugenio Montejo


Tomado de: Algunas Palabras, Maracay: La liebre libre, 2ª, 1995; p. 12

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