25 sep. 2006

Habitar la ciudad

Habitar es ser en el mundo, con los otros y ante las cosas.

Esto que llamamos nuestra realidad ocurre, es, porque lo construimos; porque lo concebimos gracias a lo que nos esencia como seres humanos: la facultad del lenguaje.

Habitar es hacernos conscientes de que estamos con otros seres junto a nosotros, en la tierra, produciéndonos temporalmente.

Así, somos seres que nos constituimos en "redes" al ejercer nuestra voluntad y deseo de asociarnos, de estar con los otros, de reconocer que estamos junto y ante otros. Cada uno cumple un rol, hace algo en el mundo para crearlo y transformarlo. Cuando eso que somos, a partir de lo que hacemos, ocurre estableciendo vínculos, reconociendo nexos, decidiendo nuestra cercanía, entonces compartimos nuestra voluntad y deseo de unirnos. Fundamos comunidad. Vencemos nuestros miedos a la intemperie del cielo, y de nosotros mismos, colectando nuestro hacer.

Toda comunidad es, entonces, una realidad creada desde nuestra facultad del lenguaje, que es el mismo pensamiento, para acercarnos en un hacer, en un lugar y en una temporalidad que nos construye posesivamente como nosotros.

Cuando esa voluntad une y reúne redes, personas asociadas a personas; cuando esas redes crean y transforman lugares, sitios del mundo y el mundo mismo; alcanzamos la ciudad.

Lo urbano es el mundo comprendido desde sus redes humanas, la piedra con que nos fundamos políticamente; la ciudad, el artefacto humano que testimonia esa realidad. Collage, rapsodia o palimpsesto, la ciudad es en esencia reunión del ser con los seres en el mundo, desde el mundo, haciendo mundo. Todo lo separado se consagra en comunión, teje versiones, conversa.

La ciudad es trama y urdimbre de todo lo que somos, de lo que pensamos haber sido, de lo que pensamos podemos ser.

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