19 abr. 2006

De viaductos y flechas envenenadas (Arq. Marco Negrón)

Dedico esta nota para compartir el espíritu de la opinión de Marco Negrón, ex-Decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela (1990-1996) y actual Profesor Titular en la asignatura Teorías urbanas del Doctorado en Arquitectura, mención Urbanismo en dicha Facultad. Autor también del libro publicado por la Fundación para la Cultura Urbana el año 2004, titulado La cosa humana por excelencia. Controversias sobre la ciudad; en el cual se recopilan 167 ensayos breves, escritos entre 1999 y 2003 para la prensa nacional. En sus páginas, Negrón desarrolla a través de distintos argumentos, casos y ocasiones, una idea meridiana: las ciudades son nuestro más importante recurso para el progreso y evolución del país.

Invito pues a la lectura de la opinión del profesor Marco Negrón, quien gentilmente nos permitió publicarla aquí:


«EUGENE FREYSSINET, el proyectista de los viaductos de la autopista Caracas-La Guaira, pertenece a la estirpe de los grandes innovadores del diseño estructural del siglo XX, en la que se inscriben nombres de la talla de Pier Luigi Nervi, Eduardo Torroja, Robert Maillart y Riccardo Morandi. Junto a los dos últimos, además, Freyssinet descolló muy especialmente en el diseño de puentes y viaductos, llevando a su vértice más alto el uso de ese extraordinario material que es el concreto. Como los tres tuvieron una vida profesional muy activa y prolongada, pudieron desarrollar proyectos en contextos muy diferentes e intervenir en actividades de recuperación y mantenimiento de obras proyectadas por ellos mismos y por otros.

Con el párrafo anterior no se pretende ningún alarde de erudición: la talla de esos proyectistas y el desarrollo contemporáneo de los sistemas de información, ponen esos datos al alcance de cualquier interesado. Su objetivo es otro: frente a la frívola, incluso jocosa insolencia característicamente nuevarrica adoptada por las más altas autoridades nacionales frente al desplome del viaducto No. 1, subrayar de manera enfática la pérdida cultural que ello significa, equivalente a la caída de un acueducto romano o una catedral gótica.

Recuerdo al padre de unos amigos chilenos que vivieron entre nosotros durante los años cincuenta, quien, cada vez que subía por la autopista acompañando a algún recién llegado, interrumpía el ascenso para mostrarle, él, que no era ingeniero, la magnificencia de aquella ingeniería. Empezando por los aplausos ante el desplome del viaducto, demasiados hechos, lamentablemente, hacen sospechar que ningún jerarca del actual régimen tiene la sensibilidad del padre de aquellos amigos para valorar la magnitud de semejante pérdida; la reciente decisión de apartar esa altísima expresión del diseño contemporáneo que eran los logotipos de nuestras principales instituciones culturales reemplazándolos por un sello único de origen panare, es tan emblemática de la involución que vivimos como la sustitución del viaducto de Freyssinet por la "trocha __mocha". Y es que poco de diferente podía esperarse de quienes han proclamado al conuco como modelo de desarrollo sustentable y a los olvidados gallineros verticales y cultivos organopónicos como respuesta al desafío de la demanda de alimentos en las grandes ciudades. Pero ahora el Presidente sorprende con un nuevo hallazgo del genio endógeno: el curare como arma para barrer con la diabólica tecnología de guerra del imperio, con lo que demuestra definitivamente que su genio supera al de Bolívar, quien jamás apreció el extraordinario valor de las flechas envenenadas en el enfrentamiento entre dos ejércitos que, en aquel entonces, estaban sustancialmente a la par en materia tecnológica. Quizá Morillo, el vencedor de las tropas napoleónicas, jamás se hubiera atrevido a poner pie en Tierra Firme, ahorrándonos tanta muerte y desolación.

Y por si algo faltaba, el rozagante alcalde metropolitano, poniendo un Colt Peacemaker en el bolsillo de cada ciudadano, rescata la estrategia contra el delito del Far West del odiado imperio. No cabe la menor duda de que estamos saliendo de la modernidad, sólo que, como el caballo del escudo, nadie sabe en qué dirección».

2 comentarios:

Héctor Torres dijo...

"... jocosa insolencia característicamente nuevarrica". Atina, ciertamente, el profesor Negrón, amigo Hernán. Mientras más súbita la riqueza, más insolente, más desfachatado y vulgar el nuevorrico. De hecho, esa ha sido la mentalidad que ha imperado en el gobierno venezolano desde siempre. ¿Para qué mantener, si sale mejor volver a hacer? Es, además de una actitud cultural, la fuente de esas riquezas súbitas.

dedalus dijo...

Gracias por tu anotación Héctor. Ciertamente es así. Esa irresponsabilidad característica de quien se siente poderoso y adinerado se manifiesta no sólo en la ausencia de una cultura de mantenimiento, como bien lo sugiere tu comentario, sino también en la falta de continuidad de las obras y/o empresas iniciadas por otros.

Gracias.