11 feb. 2006

Arquitectura en Caracas


Recorro Caracas y otras ciudades del país mirando como quien busca en un terreno árido un fósil o algún trozo de roca que pareciese develar los misterios del cosmos. Sobretodo en estos días, en que nuestra ciudad parece una indigente: un ser maltratado por la vida y por cada uno de nosotros desde las necesarias trincheras cotidianas. ¿Digo “trincheras”? Lo he dicho todo.

El caso es que busco los edificios que me permitan vivir la arquitectura. Desde hace cierto tiempo no me satisface sólo mirar las fotografías de lo que otras ciudades hacen; las obras arquitectónicas que se proveen para cultivarse, sostenerse y presentarse en las sociedades que mañana serán. Necesito cada vez más poder atravesar los umbrales de esos lugares que alguien dice, que alguien admira o muestra. Mirar fotografías de obras arquitectónicas se me vuelve cada vez más parecido a sólo mirar las fotos de hermosas mujeres en un diario: las pequeñas cicatrices de un rostro, el aliento y tono de una voz, la temperatura de la piel, no caben en una fotografía y si bien la imagen es parte de la vida, no lo es todo.

Así voy encontrando en Caracas, y en Angostura y en Maracaibo, lugares memorables, de los cuales aprender, de los que agradecer que se hayan realizado alguna vez por el espíritu de empresa y la labor de varias personas reunidas y organizadas para lograrlo. Esto es lo que me maravilla de la industria edilicia humana: es viva expresión de la naturaleza social del ser en este mundo.

Iré reseñando algunas de esas obras, como quien va anotando y citando para construir lentamente y con placer una antología íntima de esa realidad que de tan compartida es también socialmente íntima.

Hoy dejo la fotografía del Centro Comercial Libertador. En este momento no tengo a la mano los datos de quiénes fueron sus autores y el año de edificación. Los incorporaré apenas los tenga. Por lo pronto baste decir que es uno de esos edificios de los que hablo: una “joya” en Caracas. Incluso con sus errores, es una obra que bien merece nuestra admiración. Hecha de concreto armado obra limpia, material con el que los venezolanos hemos demostrado sobradamente que somos hábiles artesanos edilicios, este paralelepípedo gris de trazos azules en su fachada, guarda un espléndido espacio iluminado cenitalmente en el que la luz pareciera haberse detenido, como decía Kahn, en las vigas que le atravesaban velozmente. Movimiento petrificado, eso veo. Difícil de apreciar en un tiempo en que la estética sobrevalora lo efímero, lo dinámico y lo leve. En ese extraño atrio techado hay un pequeño restauran de comida por peso, lavandería-costurería y otras tiendas más. Está bastante bien cuidado, aunque no exento de acciones no del todo bien realizadas, como las aceras revestidas en cerámica y unas palmeras en macetas que no están muy bien colocadas y los maltrechos anexos de una pizzería en su esquina suroeste. Más allá de estos detalles, es un buen edificio que vale la pena visitar. Posted by Picasa

No hay comentarios.: