11 ene. 2006

Benjamín... caballito de mar

Escribir desde la emoción es muy difícil, precisamente porque de la emoción se intenta hablar cuando la fuente del habla, el pensamiento, se haya ofuscada por esa emoción que importa. El arte de escribir trata justamente de precisar el sentimiento, ese mar de lugares comunes desde los cuales, junto a la razón, construimos conciencia de ser nosotros.

Así quiero explicar y mostrar el rubor que siento al reseñar la segunda edición de Benjamín caballito de mar, libro escrito por Jacqueline Goldberg, publicado por editorial Panamericana (Bogotá, 2004) e ilustrado maravillosamente –no cabe aquí otro adjetivo– por Antonio Javier Caparó Salgado.

El rubor tiene dos motivos: la alegría de ver un libro querido en su segunda edición y, el motivo más intenso, la autora del libro es mi esposa. Es un libro querido porque lo vi gestarse, crecer; acompañé a su autora durante las transformaciones, durante su periplo editorial y celebré junto a ella, como todo escritor, el momento de su publicación. Así, en sus páginas hay esencia de familia, de amistad y trabajo. En cada una de sus líneas hallo ese ridículo rubor que el amor deja en el rostro de todo escritor cuando una feliz emoción le habita.

Jacqueline Goldberg es una escritora por quien siento admiración y respeto –obviamente, en todos los sentidos; ay de mí si así no fuera– pero más allá de que esté bien o mal que sea yo quien diga tal cosa, ella tiene una indiscutible trayectoria forjada por trabajo, constancia, voluntad y, sobretodo, vocación; representada en las numerosas publicaciones que ha logrado, los premios que ha recibido y los grados académicos obtenidos. Para quien quiera conocerla, invito a visitar su página o uno de sus blogs: textos en su tinta.

El libro es ante todo un deleite visual, gracias al colorido, movimiento y claridad de las ilustraciones de Caparó. Ofrece tres obras: un relato titulado Caballito de mar, un poema cuyo título es Benjamín habla en un idioma azul y otro relato, El cazalluvia.

Caballito de mar trata del amor manifestado en el juego lúdico de sobrenombres con que una madre llama a su hijo, es decir, del anhelo porque cada palabra que pronunciamos sea efectivamente el mundo que esperamos o amamos.

Benjamín habla en un idioma azul nos invita literalmente a nadar en la alegría de la existencia, de una cotidianidad recreada en cada uno de nosotros cuando vemos a un niño gozar del acotado y afortunado universo de una piscina.

El cazalluvia es, a mi juicio, la pieza más difícil porque nos exige una inocencia que quizás hayamos perdido por completo. Trata de un niño que decide enfrentarse a la lluvia que le impide disfrutar libremente de sus vacaciones. Para todos nosotros es común asociar la vacación con estar en un afuera soleado y libre, representado en el cuento por el patio o los jardines de una casa. La fuerza de la intemperie, sin embargo, la fuerza del afuera que no nos recibe, obliga a estar adentro, donde el deber impera, ordena y claramente restringe. El cuento nos exige lo que considero es el bien más preciado y difícil de sostener en el mundo contemporáneo: la comunión de esperanza, voluntad y serenidad que nos proveen la inocencia y la ingenuidad; no otra cosa significa para mí un niño que intenta cazar una tempestad.

Invito pues con mucho cariño a leer este pequeño libro de literatura, escrito para niños y niñas, es menester decirlo, “de todas las edades”. Posted by Picasa

3 comentarios:

un tordo dijo...

preciosa reseña H.
celebro la reedición de Benjamín, caballito de mar.
un largo abrazo.
E.

dedalus dijo...

Gracias Edith...
Muchos saludos.

H.

Héctor Torres dijo...

Efectivamente, una reseña escrita con amor, pero ante todo, un amor hermosa y serenamente expresado. Con la suficiente cautela de, además, sonar honesta y respetuosa a los ojos del lector. No conozco el libro, pero he leído en Goldberg unos cuentos maravillosos en los que la poeta sabe dar al texto narrativo su pasión, sin inundar de emociones lo que, por definición, debe ser comedido, comprimido. Una muestra de esos cuentos sería El chef, que publicamos en FBV. Saludo que autores de mucho talento también le escriban a los lectores más pequeños.