6 dic. 2005

Abstenerse no es ser abstencionista

























No voté. Decidí no elegir obligatoriamente lo que no tenía modo alguno de elegir.

Si no se conoce bien aquello por lo cual se debe decidir; si se ignora por completo la realidad de lo que se presenta como opción; tan sólo se puede ser otra persona cualquiera frente a una vitrina señalando un boleto de lotería. ¿Tentar al azar para ganar qué? No hay ganancia posible así. ¿Cuáles son las credenciales para que alguien sea “representante” de un colectivo de ciudadanos en una institución primordial? ¿Quién merece hacerse de nuestra voz en el debate? ¿Qué y cómo hará para saber lo que pensamos? ¿Por qué habría de concedérsele a alguien que nos “represente”, si no tiene a nuestros ojos ni a nuestro juicio método, méritos ni autoridad para tal fin? Votar es decir y, no pocas veces, callando también decimos.

El poder envilece, estoy convencido de ello; aun cuando ese poder sea teóricamente el de mediar entre quienes debaten. No hay poder más vil que el ejercido por un árbitro que no se esfuerza por ser y parecer justo en su trato ante ambas partes.

El poder envilece, sobre todo, cuando se ejerce sin control.

Tal vez sería preferible enfrentar el “vacío de poder”, a partir de reconocer el vacío de quienes ejercen y pretenden ejercer los poderes públicos. Entre las opciones debería estar la de “ninguno”. Lo que no equivale a votar “nulo” –que, cabe decirlo, es un absurdo: ¿por cuál razón un voto se “anula”, es decir, se invalida, pierde validez. ¿Por qué no es posible “salvar” nuestro voto de ser otorgado a cualquiera de las opciones cuando nos negamos a todas ellas? Mientras no se reconozca esta posibilidad, abstenerse no es ser abstencionista, es decir: callar voluntariamente no equivale a ser indiferente en el ejercicio de nuestro derecho a decidir nuestros destinos.

hz,2005 Posted by Picasa

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