8 nov. 2005

Horizontes

No son pocas las cosas que quisiera recordar de esta mañana: el abrazo del hijo, un beso de la esposa, luz solar vibrando sobre texturas de paredes, suelos verdes y sombras arrojadas sobre cada relieve, cada rincón del corredor que transitamos cotidianamente cuando entramos a la ciudad. El patio de un colegio en el umbral de nuestra montaña, el diablo suelto entre cuerdas de guitarra y un río de palabras que me ocupan.

Mas la contemplación de aquello que nos puede hacer felices no dura mucho en esta ciudad.

Parado en medio del tránsito, como el tronco de un árbol abatido por la inclemencia de un rayo, un hombre magro sostiene un cartel pidiendo ayuda, rogando por algo que nadie ve, ni otorga. Lo observo durante el breve paso en que nuestras vidas se cruzan, estoy en una orilla lejana. Paso, sin haber estado allí. Él no mueve ni por un instante su mirada de un horizonte que, con escalofríos, siento a mis espaldas.

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