22 de may. de 2014

Ciudad Bolívar


 



















Quise volver a las casas 
las casas urdidas en la infancia
detenerme frente a sus puertas
pronunciar
zaguán
deshojar viejos días sobre sus patios
hallarme reliquia en sus rincones

Erguidas al sol
rebeldes contra el tiempo
las casas
han tendido su silueta para acompañar mi descenso
el de siempre
hacia el río

Nada de la infancia salvo
granos de sal en la mirada





Dedicado a la ciudad que vive en mí, 
en los 250 años de su mudanza al sitio de la Angostura del Orinoco




© Hernán Zamora
Poema originalmente publicado en No somos nuestros, 2003
Fotografía: Angostura vista desde el Hotel La Cumbre; @hzdedalus, 2011






Ciudad Bolívar fue fundada originalmente con el nombre de Santo Tomé de Guayana, por Antonio de Berrío, el 21 de diciembre de 1595, cerca de la desembocadura del río Caroní en el río Orinoco. A partir del 20 de febrero de 1764 Joaquín Moreno de Mendoza inicia el traslado de la ciudad al sitio de la Angostura del Orinoco, donde se le llamó Santo Tomé de la nueva Guayana en la Angostura del Orinoco, del cual se abrevió el nombre por el que se le conoció desde 1810: Angostura y que el 24 de junio de 1846 el Congreso Nacional cambió por decreto a Ciudad Bolívar, nombre con el cual se le conoce desde entonces.

[Nota basada en: Gasparini, Graziano (1983) La ciudad de Bolívar, revista Armitano Arte, N° 4, Junio 1983; Caracas: Ernesto Armitano Editor; pp. 35-80. Fotografía a la izq. de G. Gasparini]

3 de abr. de 2014

No man's land

Dos  gritan
cada quien en su tiniebla
no logran ver que los une el mismo umbral hacia la luz

Cuatro  no pueden conversar
cruzados de terror al mirarse en iguales diferencias
llenos del mismo asco y las mismas ganas
prendidos juntos de la breve paz de un cigarrillo
y la dicha de un recuerdo con fragancia de mujer en Babilonia

Ocho  no quieren conversar
ignorantes de sí mismos
hechos de manos filosas  palabras explosivas
ametrallan incomprensión contra todo gesto

Sesenta y cuatro mil millones  no conversan
se miran a través del informativo rectángulo del ya
muerden sus delicadas uñas  suben el termostato de sus artificios
se entretienen con el rompecabezas de su retrato

Uno
callado
se hunde
en la vertical sombra de Dios

Nadie conversará con nadie





© Hernán Zamora
Poema originalmente publicado en Cantos cardinales, 2007


















Fotograma de la película No man,s land, Danis Tanovic, 2001.

24 de mar. de 2014

Carta abierta a un compañero universitario

Carta de respuesta a un comentario que el Prof. Arq. Martín Padrón publicó en mi blog Crónicas del Asterión, el día 22/03/2014, a las 14:34, como respuesta al texto:
Otro ataque a la Facultad de Arquitectura yUrbanismo de la UCV. ¿Cuál es la sombra a vencer?

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A continuación, transcribo el comentario del Prof. Padrón:
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«Estimado Hernán:

Ante todo quiero expresar mi más sincera solidaridad contigo por lo que te tocó vivir en la oscura noche del pasado 19M. Tu relato nos llena de indignación y de necesaria exigencia de justicia ante los culpables de tan brutal acto. Lo que me anima a escribirte esta carta es poder compartir contigo, pero también con aquellos interesados en responder la acertada pregunta que propones en tu relato: ¿Cuál es la sombra a vencer? 

Sobre tu particular testimonio de los hechos comparto contigo el sano ambiente con la que se desenvolvía la asamblea de estudiantes promovida por aquellos interesados en que se retomaran las actividades en la FAU. Yo fui de los profesores que me retiré antes de finalizar la asamblea y al llegar a la casa y abrir mi computador vi el comunicado del Decano anunciando la suspensión indefinida de actividades en la UCV. Desde ese momento busqué enterarme de los detalles ya que se empezaron a activar las redes sociales y sabemos el cómo este canal de información está envenenado de opiniones interesadas por el ánimo de confrontación que nos rodea en el país y tratando de encontrar la verdad de los hechos me quedó claro algo: los autores de la agresión eran “supuestos chavistas”. A partir de entonces empecé a buscar interlocutores entre mis conocidos del chavismo para buscar la forma de repudiar y exigir justicia. Junto con el profesor Miguel Alfonzo, representante profesoral del Consejo Universitario de la UCV asistimos a un programa en el 23 de Enero en Radio Arsenal donde denunciamos los hechos. Te destaco estos hechos Hernán porque yo, Martín Padrón, también formo parte de un colectivo de izquierda que ha ganado un espacio radial en la Radio Arsenal del 23 de Enero cuya consigna es “bombardeando tu conciencia de ideas”, y te lo comento porque aspiro que sigamos saludándonos en los pasillos de nuestra querida FAU con el mismo afecto que nos une desde hace años y no me veas ahora como parte de los colectivos chavistas satanizados y esperes que tenga oculta un arma. En la tarde del Jueves, me trasladé al Hospital Clínico Universitario a visitar a nuestro estudiante Jesús Silva quien fue el último estudiante de los agredidos en ser dado de alta, y le trasmití a él y a su madre que lo acompañaba tanto mi indignación como el conocimiento que tenía de los esfuerzos que se están llevando desde las instancias competentes para tratar de hacer justicia y llevar a los agresores de estos abominables hechos a donde deben estar: en la cárcel. 

Te detallo estos hechos porque creo que tu acertada pregunta ¿Cuál es la sombra a vencer? Tiene una sola respuesta: LA SOMBRA A VENCER ES LA VIOLENCIA, VENGA DESDE DONDE VENGA, y la única arma conocida para aplastarla es LA PAZ. Por ello no comparto tu conclusión de los lamentables hechos del 19M cuando respondes a tu pregunta. Cito: “Es un régimen enemigo de la Universidad. En este momento, esa es la sombra que la UCV y todas las Universidades venezolanas estamos en el deber de vencer”. El problema es más complejo mi apreciado Hernán. Te invito a que señalemos juntos a los verdaderos enemigos: a los violentos y a los que los alientan, estén donde estén. Finalmente me gustaría compartir contigo y con todos aquellos a los que haya llegado estos comentarios, la participación de una entrañable amiga, compañera de estudios, colega egresada de nuestra facultad y que actualmente reside en San Cristóbal a quien le ha tocado vivir la violencia desatada y germen de las guarimbas y sus secuelas de los asesinatos y culpables de los actos que hoy padecemos como lo es la reciente quema de una universidad por parte de opositores violentos al “régimen”. Su nombre es Julieta Cantos y suscribo totalmente sus comentarios y recomendaciones.

Un gran saludo y abrazo solidario
Tu colega y amigo

Martín Padrón

PD: Pueden buscar la intervención en youtube con los siguientes datos:
Julieta Cantos en Conferencia por la Paz San Cristóbal

http://youtu.be/AlPQGZ0QRSU »





















A continuación, mi respuesta al Prof. Padrón:
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Muy apreciado Martín:

He recibido con mucha gratitud tu carta, dejada como comentario en mi blog, al pie del testimonio que escribí sobre lo sucedido el pasado 19M en nuestra querida FAU. Como ves, me he permitido volver a publicarla, antecediendo con ella a mi respuesta, para que los lectores puedan unirse a la conversación que a través de este medio podremos elaborar.

He distinguido en tu carta tres temas: uno, tu solidaridad ante los hechos vividos y la invitación a que sostengamos la fraternidad de nuestro compañerismo de universitarios; otro, el repudio a la violencia que sufrieron nuestros compañeros estudiantes, profesores, empleados y toda nuestra querida institución y, un tercer tema, asumir a la violencia como la verdadera sombra a vencer.

I


Mi primera emoción ante tu carta, te reitero, es de gratitud. De sincera gratitud y alivio. Alivio porque el gesto de acercarte con tus palabras hacia mí, es consistente con la calidad humana con que siempre te he identificado, aun cuando hemos estado distantes por razones que no vienen al caso. Para mí tú has sido un caballero y eso ha quedado ratificado con tu mensaje. Te considero un profesor apasionado por la Arquitectura, responsable y proactivo en la búsqueda de formas de divulgar y crear cultura arquitectónica en nuestro país. Ese es el Martín Padrón que conozco, colega y compañero mío en la FAU. Nada de ese conocimiento ha cambiado.

Por eso, apreciado Martín, quisiera poder despejar de tu espíritu cualquier inquietud acerca de cómo te seguiré viendo y tratando luego de lo sucedido. Me conmovió e impactó tu imagen de que yo pudiese estar esperando que tuvieses un arma. Sé que ese no eres tú. Sé también que los tiempos que vivimos se fundan en un gravísimo divisionismo que algunos han forjado a sangre y plomo en nuestra sociedad. Por eso puedo comprender que imagines que yo te “satanizaría” por tu posición política. Te ruego, compañero, que me ayudes a despejar esa impresión que puedas tener de mí.

La próxima vez que nos encontremos en la FAU te saludaré con un fuerte abrazo. Tal vez con eso logre dar un primer paso en disipar ese temor que sientes. Porque quiero creer que a esa división de nuestra sociedad, Martín, no colaboramos tú y yo así como tampoco creo que lo hacen, estoy seguro, muchos de nuestros conciudadanos, universitarios o no.

Tengo muy claro, Martín, que los colectivos sociales son un logro de lo que podría ser considerada la parte positiva de este “gobierno”. Sé que hay varias cosas positivas que puedo reconocer. Los colectivos sociales son una de ellas.

Por otra parte, soy consciente y diferencio en modo categórico a los colectivos sociales de los grupos paramilitares que, lamentablemente, este régimen también ha forjado. No hemos sido los ciudadanos comunes quienes hemos creado la confusión, sino miembros del propio partido y del propio “gobierno” quienes se han encargado de desvirtuar el concepto al asociarlo de palabra, imagen y acción, al mundo militar.

Permíteme decir algo, quizás fuerte: pienso que la “unión cívico-militar” es una concepción abyecta. Lo que he podido leer sobre formas de gobierno me permiten razonar que el modo en que caracterizo al “gobierno” (régimen) no está vacío de contenidos de mi parte. El militarismo es una de las características más terribles que observo en este régimen y pienso que de ella se derivan todas sus perversiones. Por eso, por ejemplo, cuando leí en tu carta: “Radio Arsenal” y “bombardeando tu conciencia”, quizás puedas entender que sentí rechazo, un rechazo visceral. En nuestro vocabulario se ha intensificado el imaginario militarista en sustitución del civil: en vez de trabajar, se habla de luchar; en vez de cultivar, se habla de bombardear. Hay batallas por doquier, no construcción de acuerdos. Eso, a mi juicio, es una terrible perversión. Lo militar destruye, no construye. Lo militar no puede existir sin definir enemigos y eso es exactamente lo que el régimen primordialmente ha hecho durante quince años; agravado por el hecho cierto de que han creado las milicias y también han armado a grupos de acción violenta, llegando incluso a perder el control de las armas que circulan por el país. Así, considero que cuando además se unen la concepción militarista del mundo con la teoría de la lucha de clases, sucede lo que estamos viviendo.

El caso, Martín, es que el grupo de criminales que violaron el día 19M nuestra FAU UCV, insistieron en identificarse plena y claramente como "chavistas" y su conducta no fue la de un colectivo social, sino la de un grupo paramilitar dispuesto a acabar con el "enemigo". No soy yo quién para afirmar o negar si lo eran o no. ¿Cómo podríamos, Martín, tú o yo, llegar a la verdad sobre eso? Sin embargo, cuando reflexiono sobre la lamentable experiencia que me tocó vivir y leo y escucho los muy dolorosos testimonios de lo sufrido por los estudiantes, caigo en cuenta de que se trató de un grupo con estrategia: se desplegaron por todo el espacio infundiendo terror, estaban armados y atacaron selectivamente, por fases, para destruir las esperanzas de salvación de los estudiantes que intentaban huir mientras eran golpeados y humillados hasta lo indecible.

Nuestras diferencias de perspectiva política, Martín, hacen que lo que yo me explico responsabilizando al régimen, tal ves tú lo expliques denunciando conspiraciones externas al gobierno. Yo comprendo que tú y yo tengamos esas diferencias de perspectivas entre otras muchas más. El caso es que ni tú ni yo tomamos armas para convencernos mutuamente, porque no tenemos tal cosa por objetivo y estoy seguro que respetamos la vida humana por encima de todas las cosas. El régimen, en cambio sí ha actuado y actúa justificando la violencia y la muerte: sus figuras más prominentes fueron conspiradores, golpistas, guerrilleros y encapuchados. No tengo razones para no considerar que aún continúen siéndolo.

En consecuencia, si a personas como las que irrumpieron en la FAU, más allá que la pura maldad criminal, las moviese realmente una conspiración, no puedo imaginar que en nuestro país provenga de ninguna otra parte que del seno del régimen; porque considero que es el único que saca reales dividendos de situaciones de facto o de una provocada confrontación entre nosotros los ciudadanos.

Por eso el régimen nos ha segregado en sus discursos y ha excluido y censurado la voz de personas que le adversan, como lo hago yo. Su acción nos ha rebajado y humillado sistemáticamente a condiciones despreciables: somos los apátridas, los burgueses, los blanquitos, los ricos. ¡Hasta nos llaman “fascistas”! ¿Toleras eso? Creo que no. Yo tampoco tolero insultos contra los peseuvistas. No me hago eco de ellos.

Nunca antes, en mis casi cincuenta años de vida, había visto cómo la cúpula del poder atizaba discriminaciones de toda índole entre los venezolanos. Esto que tú llamas gobierno, Martín, ha fracasado rotundamente en la primera de sus responsabilidades: mantener unida a la sociedad venezolana.

Yo no denigro de ninguna persona por su posición política o cualquier otra razón. Ni siquiera denigro de una persona que debe cumplir la función militar y que encuentra sentido y belleza en el mundo militar, a pesar de mi meditado rechazo al militarismo. Todas las ideas son una posibilidad en el libérrimo derecho de pensamiento de cada persona. Las ideas están para conversarlas. Pero cuando una idea se convierte en ideología, cuando esa ideología se convierte en aparato político, el aparato político se apodera de todas las instituciones del Estado y el Estado pretende ser encarnado en un único hombre que exige, además, devoción absoluta y castiga a cualquier persona que manifieste disensión, entonces tenemos un régimen totalitario, por decir lo menos, que además, en nuestro caso,  es militarista, forma grupos paramilitares y viola continuamente la constitución y las leyes, practicando una feroz oclocracia.

Por eso lo llamo régimen. Por eso no soporto escuchar a ninguno de sus funcionarios en los cargos de máxima responsabilidad, porque todos son cultores del cinismo más vil y repetidores acríticos de la doctrina partidista. Y aquí te doy la razón acerca de lo difícil que es aproximarnos a “la verdad” a través del último canal de información que nos queda a personas como yo: la Internet. En ningún medio, en ninguno, se da opiniones que no estén segadas, contaminadas por intereses. Apoyándose en eso, el régimen ha hecho de la censura su recurso más útil para segregar a los ciudadanos según su conveniencia: VTV, el canal de “todos” los venezolanos, por ejemplo, es tan solo un aparato de propaganda sumamente eficiente, en el que gente como yo no tiene cabida, ni siquiera desde la pasividad.

Pero advierto que sé diferenciar muy bien a esa cúpula, que llamo funcionariato, de quienes como tú, y varios otros de nuestros compañeros profesores, han creído y perseguido honestamente los ideales del proyecto político que se les propuso. Incluso en algunos de esos ideales, estoy seguro, nos encontraríamos.

Mi repudio al funcionariato no significa que yo esté plenamente satisfecho con las alternativas en la clase política de nuestro país. Mas, por encima de esas circunstancias, me guían mis convicciones de respeto por la vida, por el respeto al otro y a las minorías, por los valores de justicia y convivencia pacífica y por la búsqueda del Bien. Me uno sin dudar a los no violentos, a los que no tienen armas ni poder.

Tanto tú como yo somos testigos de que los estudiantes de la FAU UCV comparten estos valores y por eso desarrollaron esa magnífica asamblea que abría una ventana hacia el horizonte que como sociedad necesitamos: en el que debemos reencontrarnos, en el que nos reconozcamos todos como venezolanos, en el que nuestras diferencias enriquezcan a la sociedad, porque lograremos articularlas en pro de una convivencia signada por los ideales de libertad, respeto, justicia, seguridad y paz.


II


Tomo tu palabra, Martín, cuando dices que debemos “rechazar la violencia, venga desde donde venga”. En esto nos manifestamos indiscutiblemente de acuerdo: en nuestro absoluto rechazo de toda forma de violencia que atente contra los derechos humanos.

Sólo te pido que me concedas un importante matiz, que ya había expuesto en el texto que escribí para denunciar públicamente la tortura que sufrió uno de los estudiantes de mis cursos en la FAU. En ese documento dije y ahora lo reitero, que rechazo toda forma de violencia. Para mayor claridad enfatizo: rechazo toda forma de violencia que atente contra los derechos humanos universales. Y, sobre todo, aborrezco con todas las fuerzas de mi ser a la violencia que viene de un Estado de excepción, es decir, del régimen que sufrimos y que actúa cada vez con más odio contra los ciudadanos que lo denunciamos.

Según lo entiendo, parte de la realidad que sufrimos, la violencia no es el origen del problema que tenemos como sociedad, sino los fracasos y perversas acciones del régimen que pretende gobernarnos. Por ello, hasta que pueda comprenderlo de otra manera, pienso que la enemistad del régimen contra la Universidad y contra la sociedad venezolana es la verdadera sombra que debemos disipar.

Pero independientemente de ese matiz, Martín, acepto tu invitación y uno mi voz a la tuya para repudiar lo sucedido con la UNEFA; uno mi voz a la tuya para repudiar todos los ataques que han sufrido compañeros universitarios en todas partes de nuestro país; uno mi voz a la tuya para repudiar los más de setenta ataques que han ocurrido en varias facultades y personas de nuestra UCV; uno mi voz a la tuya para repudiar las torturas que han sufrido nuestros conciudadanos desde el 12F; uno mi voz a la tuya para repudiar la violencia y destrucción que han sufrido nuestras ciudades y, sobre todo, Martín, uno mi voz a la tuya para repudiar con inmenso dolor la muerte de todas y cada una de las personas que han sido víctimas de la violencia que se ha desatado en estos días, en todas sus formas, y que sólo han logrado aumentar el inmenso horror que ya sentimos desde hace tanto tiempo por causa del hampa, que sigue campeando a sus anchas en todo nuestro territorio.

Rechazo la violencia, venga de donde venga; sí; pero ¿puedo confiar en que el régimen logrará que se haga justicia? No. No confío en un régimen que es juez y parte al mismo tiempo.


III


Permíteme invitarte a leer mi texto sobre las diferencias entre conversar y dialogar. Ahí trato de fundamentar un poco más mi posición. Creo que a través de esa improvisada teoría es posible inferir por qué el funcionariato no es un interlocutor válido en esta crisis nacional que atravesamos. Todo el oropel que ha montado para llamar a su “paz” no es más que eso: pura propaganda; de la peor, pues no tiene asidero en certeza alguna, salvo la de montar un parapeto para tratar de lavarse la cara ante la comunidad internacional.

La PAZ está en sus manos y el funcionariato no ha hecho sino recrudecer las razones para que no la logremos: a) ha reprimido con total brutalidad y ha violado derechos humanos esenciales; b) ha fomentado por todos los medios una mayor división política y social; c) no ha atendido las exigencias de los estudiantes ni de la sociedad civil; d) están dando golpes de estado (su especialidad) contra gobiernos municipales adversarios y cargos de elección popular, e) ha pervertido todas las instituciones del Estado y f) sigue sin atender eficientemente y por el contrario, empeora los problemas estructurales del país: delincuencia, corrupción, impunidad, destrucción del aparato productivo, carestía, desabastecimiento, precariedad de servicios públicos.

No son las personas como nosotros, Martín, quienes hemos provocado ese estado de cosas: ha sido el funcionariato del régimen. Por cierto, para mí, serían razones más que legítimas para exigirle a todos su renuncia a los cargos que se les confiaron.

Te agradezco el vínculo a las palabras de la arquitecta Julieta Cantos en la Conferencia por la Paz en San Cristóbal. Las suscribo, guardando una distancia: primero, no pueden estar moderando esas conferencias quienes están en entre dicho. El funcionariato del régimen no es un interlocutor válido, al menos, mientras sea notoria la ausencia de un mediador incuestionable. Mucho menos cuando decide con quién quiere “dialogar” y no está dispuesto a hacerlo sino solo bajo sus exclusivos términos. Segundo, no puede estar pidiéndonos a quienes no estamos en el poder que asumamos responsabilidades en igual proporción que el régimen; ello me resulta inaceptablemente hipócrita.


A modo de epílogo


Hasta aquí, Martín, aunque no en este mismo orden, he tratado los tres temas principales de tu comentario: primero, me uno a tu voz para repudiar la violencia, venga de donde venga, exigiendo el insoslayable reconocimiento de la proporción de las responsabilidades; segundo, somos conciudadanos decentes capaces de convivir pacífica y fraternalmente, allende nuestras posiciones políticas disímiles y articulables desde una irrenunciable vocación democrática, entendida esta como un irrestricto respeto por los derechos humanos universales y, tercero, tenemos el deber de exigirle al Estado que restituya y garantice los derechos constitucionales de todos los ciudadanos y que sea eficiente y responsable en ello.

Por favor, perdona lo extenso de mi carta. Consideré necesario responderte exponiendo mi pensamiento. Creo que es la mejor manera de corresponder a tu gentil invitación de sostener un compañerismo fraternal. Pienso que al intentar exponer con la mayor claridad que nos sea posible nuestros principios y razones, seguramente encontraremos las coincidencias desde las cuales se manifestarán con libertad y respeto nuestras diferencias.

Así que, Martín, tenemos muchas cosas que conversar para reunirnos en el lugar que más nos alimenta el alma a ambos y a muchos de nuestros compañeros profesores, estudiantes y empleados: nuestra Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela. Desde ahí, espero que pronto podamos estar pensando, creando y aprendiendo Arquitectura de nuevo, procurando un espacio de reconciliación hacia el que ambos ya habremos dado un paso.

Te invito a que continuemos esta conversación.

Mi saludo fraternal.


h.



















Talleres de composición, Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Ciudad Universitaria de Caracas (Villanueva, 1957). Fotografía: Paolo Gasparini, 1958?, tomada de:  GALERÍA DE ARTE NACIONAL Carlos Raúl Villanueva, un moderno en suramérica, Catálogo de la exposición Nº 208, publicación Nº 199, Curaduría: William Niño Araque y Cecilia Araujo. Caracas, Venezuela. Abril-Julio 2000, p.217




© Hernán Zamora
Caracas, 24/03/2014

20 de mar. de 2014

Otro ataque a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV

¿Cuál es la sombra a vencer?


Nuestros temores se hicieron realidad: llegaron la violencia y la muerte a escupirnos los rostros, invadirnos los ojos; a advertirnos que estábamos a merced de su voluntad; a intentar quebrarnos porque sí; porque le da su más abyecta y arbitraria gana de someter nuestra voces, porque sí

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Mi testimonio de los eventos

Desde la 1:15 pm aproximadamente se instaló la asamblea convocada por el Centro de Estudiantes de la FAU UCV con el objetivo de reconocer e incluir la voz de los compañeros que no se sentían representados en el llamado a paro promovido por el Movimiento Estudiantil. Una encuesta realizada una semana atrás, arrojaba el dato de que cerca del 75% de los estudiantes de arquitectura no deseaban volver a clases si no se garantizaban las condiciones adecuadas de seguridad y funcionamiento de nuestras actividades e instalaciones. Sin embargo, se consideraba necesario revisar el modo en que se realizó esa encuesta, confirmar sus datos, tratar de captar otros y asistir con un método mejor fundado la toma de una decisión de suma importancia para la comunidad académica de la FAU.

Esa asamblea se desarrolló según lo previsto por sus organizadores. A las 4:45 pm, aproximadamente, cuando pensé que ya no tenía nada que aportar ni podía seguir recogiendo mis impresiones acerca de sus logros y debates, pues estaban cercanos a culminar, justo antes de retirarme, vi un grupo de unos seis hombres que no reconocí como estudiantes de la FAU subiendo al ascensor. Me pareció extraño, pues se suponía que no había actividades en la torre de aulas. Sin embargo, no me alarmé. Antes de abandonar el vestíbulo, vi que los estudiantes se habían percatado de la presencia de esas personas extrañas a la comunidad y comenzaron a tomar control de los accesos disponibles de la Planta Baja y a obstruir las escaleras y el único ascensor (de cuatro) en funcionamiento desde hace años.

Me di cuenta de que yo era el único profesor presente en ese momento junto al grupo de estudiantes de la asamblea, que reunía a unos 60 o 70, quizás; estaban también dos vigilantes; el señor y la señora que gestionan la cafetería, para ese momento ya cerrada, y el señor Pedro, empleado de la cafetería. Me sentí en el deber de quedarme y acompañar a los estudiantes. No sabía qué otra cosa debía o podía hacer.

Reconociendo el estado de ansiedad que inmediatamente surgió en todos nosotros, procuré ayudar a los estudiantes a que no produjeran barricadas de manera absoluta y peligrosa ante una caída o una reacción de huída intempestiva. Comprendía que el temor era que esos desconocidos salieran escapando con violencia. Al darnos cuenta de que quienes habían subido se dirigieron al piso 8, donde está el Decanato, al cual no había posibilidad de acceder por encontrase vacío y cerrado, unos estudiantes se fueron al mostrador de vigilancia, donde están los monitores de las cámaras de seguridad instaladas en los pisos de la torre. Ahí pudimos ver claramente al grupo de hombres deshaciendo el mural de palabras que días atrás los estudiantes de la FAU habían realizado en las paredes de bloques huecos, para hacer visible hacia la ciudad, a través de la fachada sur de la torre, nuestras demandas de Seguridad, Libertad, Justicia, Respeto y Paz.

Eso alteró aún más los ánimos. La mayoría de los estudiantes trataban de mantenerse unidos y presentes; algunos, más aguerridos, comenzaron a buscar barras y palos para defenderse. El miedo y la rabia comenzaron a extenderse entre nosotros.

Me dirigí hacia los dos vigilantes y pregunté si habían solicitado ayuda al cuerpo de vigilancia central de la UCV. Dijeron que nadie acudiría. Supe que estábamos solos. Al darme cuenta de que algunos estudiantes estaban alterados y con palos en las manos, comencé a llamarlos a la calma, a persuadirlos de soltarlas, a serenar sus ánimos para que no cayéramos en actos de violencia que podrían ser graves. Les advertía que no debíamos permitir que ocurriera la reacción de una poblada contra quienes viniesen de arriba. Había que recuperar la calma. A pesar de lo fuerte de sus sentimientos y razones de defensa, comenzaron a escucharme y los fueron soltando.

Entre tanto, el grupo que organizó las barricadas ante el ascensor y la escalera supo que en los pisos de la torre había otros integrantes de la Facultad. No sabíamos en qué  pisos ni cuántos eran, pero algunos llegaron por el ascensor. Una estudiante comentó que se trataba de dos profesores de Diseño y algunos estudiantes, en el piso dos, que se habían reunido para intentar avanzar algo en sus clases. Los estudiantes que controlaban las barricadas los dejaron salir, tanto por el ascensor como por las escaleras. Alguien que venía corriendo por las escaleras gritó que uno de los hombres, que ya se encontraban en el piso 1, estaba armado. Eso excitó el terror en quienes estábamos en la Planta Baja.

Los estudiantes bloquearon con mayor volumen de cosas las salidas de la escalera y del ascensor. Me comuniqué con una profesora amiga para ponerla al tanto de la situación y para que ayudara a solicitar apoyo. Intenté comunicarme vía Tweeter con Juan Requesens, con la Rectora y con el Secretario de la UCV. Les advertía de una situación que ameritaba el auxilio de vigilancia central. En ese momento recibí un tuíter de un profesor que me advertía que había un grupo de profesores encerrados en un salón del piso 1 en un curso de postgrado. Ellos estaban ahí desde el principio de la tarde, tratando de sostener algún grado de “normalidad” académica. Seguí insistiendo, ahora con más ahínco, en tratar de convocar ayuda.

Los desconocidos llegaron al descanso de la escalera próximo a la Planta Baja. Por la pared de bloques huecos pregunté a uno de ellos quién era. Respondió que era de la UCV y que los teníamos secuestrados ahí. Comprendí la gravedad de la situación.

Otros de los estudiantes también lograron comunicarse con ellos, les reclamaron haber deshecho el mural de la FAU. Ellos arguyeron que no estaban de acuerdo con esas consignas y que tenían el derecho a quitarlas. Creo haber escuchado que se definían “chavistas” y que no aceptaban “el fascismo” en la UCV.

Comencé a interceder ante los estudiantes para que los dejaran salir. Algunos apelaban al estudio de leyes y normas que durante la asamblea se había estado considerando. Un grupo se esforzaba por moderar, otro estaba sumamente alterado y decían que ya no podían seguir aceptando que los tratasen como ovejas, los hiciesen correr, que tuvieran que ceder en sus exigencias y silenciarse siempre sumidos en el terror.

No logré influir para calmarlos y resolver la situación en ese momento. Uno de los dirigentes del Centro de Estudiantes trataba de hacer lo propio, a él lo escuchaba una parte. Otra de las dirigentes insistía en que para dejar salir a los desconocidos debía exigírseles que repusieran el mural. A ella, otra parte la apoyaba.

En medio de esa discusión, vimos llegar a dos o tres motorizados. Quienes estaban encerrados en la escalera se habían comunicado con gente de fuera de la Facultad.

En ese momento lograron bajar por el ascensor los profesores que estaban en el piso 1. También nerviosos, se unieron a quienes tratábamos de interceder para dejar salir a los desconocidos. Los estudiantes entraron en razón y abrieron paso. Para este instante, ya solo estaban en Planta Baja la mitad de los estudiantes reunidos al principio de la asamblea.

Entre tanto, alguien llamó a los bomberos universitarios y dos de ellos empezaron a evaluar la situación. Me preguntaron si yo estaba a cargo de los estudiantes, les dije que no. Preguntaron por la dirigencia estudiantil y señalé quiénes eran. Les preguntaron sobre las salidas disponibles. En ese momento, los vigilantes ya habían dejado salir a los desconocidos por la escalera de emergencia. Eran las 5:59 pm.



El horror

Justo en ese instante un grupo de personas encapuchadas, armadas y amenazantes entró gritando. Los vi desparramarse en todas direcciones. Unos venían hacia mí.

La mayor parte de los estudiantes salieron corriendo hacia el fondo de los pasillos de la Planta Baja, donde quedaron atrapados. Vi que otro grupo, creo que algunos estudiantes y la mayor parte de los profesores, se dirigieron hacia el estacionamiento y lograron salir a tiempo. Me quedé paralizado en el vestíbulo de los ascensores. No sabía qué hacer. Vi a uno de los encapuchados arrojar algo hacia el fondo de los pasillos, vi a dos de los que pasaron frente a mí con armas (una negra, creo que un revólver y otra plateada, que no sé identificar). Todos portaban palos o barras, forrados de algo que no identifiqué. Unos amenazaron a los señores de la cafetería. Uno de los armados con pistola se dirigió hacia mí, me empujó y me arrinconó contra una columna y me preguntó si yo era profesor. Balbuceé que sí. Bajé la mirada. Comencé a sentir una presión intensa dentro de mi cabeza (temí una subida de tensión). Me dejó ahí y se dirigió hacia otro profesor joven, que estaba frente a nosotros. Lo empujó y golpeó, acusándolo de ser uno de los que armó las barricadas y de atreverse a secuestrar gente.  Le quitó el celular. Lo golpeó. Me di cuenta de que estaban cazando a los estudiantes.

Aunque se dirigían amenazantes hacia donde estábamos el otro profesor y yo, ahora creo que trataban de mantenernos a raya mientras otros encapuchados perseguían, atrapaban y arrastraban a los estudiantes golpeándolos con los palos. Escuché algunas detonaciones. Oí gritos y llantos de terror. Temí que estuviesen disparando y que ya hubiesen herido a algún estudiante. Me moví hacia el foyer del auditorio. Me puse contra la pared. Sentí que en cualquier momento me pondrían la pistola en la cabeza y hasta ahí llegaría mi vida.

Vi que llevaban a un estudiante a rastras hacia la antesala de la biblioteca. No pude correr a ayudarlo. Me horrorizó mi cobardía. Sólo me moví pegado a la pared tratando de escurrirme hacia la salida. Sentí que ya no podía hacer nada más que intentar salir. No corrí. Fue cuando vi que había gas lacrimógeno. Tuve que atravesar la nube. Casi no podía ver ni respirar. Creí que caería al suelo. En todo momento esperaba sentir un golpe, un tiro, una mano en mi cuello. Llegué al corredor oeste, que se dirige hacia Ingeniería. Me detuve, sintiéndome miserable por no tener la entereza para ayudar a los estudiantes. Junto a mí estaba el otro profesor. Comenzamos a caminar, tratando de huir sin correr. Unos encapuchados que estaban custodiando afuera pararon al dirigente estudiantil. Él levantó las manos. Temí lo peor. Le requisaron el bolso y lo dejaron salir. Los tres seguimos caminando en dirección hacia el decanato de ingeniería. Recordé que mi carro estaba en el estacionamiento de los profesores, pero mi única opción era tratar de llegar a la estación de Metro en las Tres Gracias. Lo dejé abandonado.

Caminamos aterrados. Todas las personas que veíamos alrededor, sin importar lo que estuviesen haciendo, nos parecían asociadas al grupo armado que atacó a la FAU. Vi que un vigilante de Ingeniería cerraba las puertas. Al profesor que iba conmigo le pareció ver que delante de nosotros alguien estaba armado. Cambiamos de rumbo y dimos la vuelta pasando por la Facultad de Humanidades. De ahí salían personas y el vigilante también cerraba las puertas. Pensamos irnos hacia Plaza Cubierta, descartamos ir hacia Plaza Venezuela al saber que tendríamos que pasar por Trabajo Social. Creímos que por ahí habría mayor peligro. Decidimos continuar hacia la salida de las Tres Gracias y pasamos entre personas que percibíamos como encapuchados celebrando su victoria.

Logramos llegar a la estación del Metro. Eran las 6:17 pm. Ahí estaban varios de los estudiantes de la FAU y, por supuesto, otras personas de la UCV y otros ciudadanos. Nos sentimos aliviados al vernos unos a otros y al mismo tiempo angustiados por no saber nada de nuestros compañeros. En ese momento vimos llegar un grupo de motorizados desde la UCV al portal de las Tres Gracias. Bajamos corriendo hacia el interior de la estación. Estúpidamente me paré ante la taquilla intentando obtener un ticket. La operadora dio entrada libre a los andenes y seguimos corriendo. El pánico derrumbó a una estudiante. Unos compañeros la asistieron. Alcanzamos el andén y esperamos el tren, que llegó en pocos momentos. Ya adentro, reventaron en llanto varios de los estudiantes. La gente en el tren nos miraba con incredulidad, curiosidad y conmoción. Una pasajera le decía a su compañera que el Tweeter nos tiene vueltos locos. Sentí agrietarme de tristeza.

Cuando llegamos a la estación de Plaza Venezuela percibía como una amenaza a todas las personas alrededor de mí. Quería salir de ahí corriendo. Apenas pude, llamé a mi esposa para avisarle que estaba sano y salvo aunque humillado y aterrado. Eran las 6:30 pm.

El trayecto de las dos simples cuadras que hay entre esa estación y mi casa fue el más largo que he recorrido en toda mi vida. Mientras trataba de vencerme y avanzar, sentía que todos los motorizados eran una amenaza feroz. Imaginaba que cualquiera de ellos se detendría a mi lado y me dispararía.
Cuando pude traspasar el portón del edificio donde vivo, creí respirar de nuevo.

Al ver a mi esposa y a mi hijo esperándome, supe que Dios me había llevado con bien hasta sus brazos. Hasta mi verdadero hogar.



El parte del Director de la Escuela de Arquitectura

Los desconocidos que inicialmente ingresaron a la FAU sustituyeron la palabra SEGURIDAD del mural, por la palabra CHÁVEZ, que no completaron. Se supone que luego de haber salido de la FAU, ese grupo de personas regresaron con el refuerzo de aproximadamente 20 a 30 sujetos, algunos de ellos motorizados y con armas de fuego. Ese grupo persiguió a los estudiantes y los acorralaron en la Planta Baja, los desnudaron, vejaron y golpearon con mucha agresividad. Además, les robaron todas sus pertenencias.

Dos estudiantes le informan al Director que pudieron identificar a dos personas uniformadas de "azul", con máscaras antigás, agrediendo también con saña a varios estudiantes.

La acción de la banda delictiva dejó un saldo de 12 heridos, de los cuales 8 ingresaron al Hospital Clínico Universitario y 4 en la Clínica Las Ciencias de Los Chaguaramos. Fueron tratados por múltiples contusiones en cráneo, heridas, cortadas, fracturas de tabique nasal y de cúbito, a causa de los golpes que recibieron con tubos y palos en distintas partes de sus cuerpos.

El Decano y el Director acompañaron a los estudiantes que ingresaron al HCU hasta que todos fueron dados de alta; 2 de ellos con supervisión médica, uno con reducción ortopédica de fractura de cúbito y otro con reducción quirúrgica de fractura de tabique nasal.

La Rectora visitó a los heridos que estaban en la Clínica Las Ciencias de Los Chaguaramos y decidió suspender las actividades de la UCV.

El Decano, por su parte, también suspendió las actividades de la FAU indefinidamente.



Mi reflexión acerca de lo vivido

Como una de las actividades promovidas dentro del espíritu del Paro Activo, el profesor de filosofía en la USB, Erick del Búfalo, tuvo la gentileza de aceptar la invitación que le hicieran algunos compañeros para que nos permitiera escuchar en la FAU su disertación que sobre el fascismo él había hecho hace pocos días en la Librería Lugar Común.

Su exposición, iniciada a las 10:10 am, fue magistral y amablemente pedagógica. Esclarecedora, equilibrada y sumamente responsable. Dos lecciones interpreto y destaco ahora de lo que trató de comunicarnos: una, que el fascismo se ejerce desde el poder de un Estado que identifica como enemigo a quien no lo reconozca y acepte con absoluta veneración; la otra, que la dictadura de las mayorías es oclocracia y eso nada tiene que ver con la verdadera democracia, la cual es el irrestricto respeto por los derechos universales del ser humano.

La asamblea de los estudiantes de Arquitectura fue un hermosísimo y valioso esfuerzo por poner en práctica una verdadera democracia, al desear reconocer, respetar y valorar la voz de quienes disienten de los propósitos y acciones del Movimiento Estudiantil, orientándose a la búsqueda de propuestas responsables que incluyan todas las versiones y procuren una conciliación entre todos los miembros de nuestra comunidad universitaria.

Los eventos posteriores a la asamblea me mostraron cómo el miedo y la rabia nos enajenan y nos ponen en situación de peligro y de peligrosidad hacia nuestros conciudadanos. Nuestras reacciones nos situaron al borde de una locura colectiva en contra de esos seis desconocidos que irrumpieron en nuestros espacios y que violentaron una de nuestras formas pacíficas de protesta.

El miedo hizo presa de nosotros durante toda la jornada. Desde temprano y en todo momento circulaban rumores de que un grupo de violento nos rondaba. Nuestras actividades eran un esfuerzo por sobreponernos a miedos y rumores, para acercar las posibilidades de situarnos en la precaria normalidad que teníamos antes del 12F. De hecho, lamentablemente, creo haber percibido el nerviosismo del Prof. Del Búfalo ante cualquier grupo de estudiantes que entraba al aula durante el desarrollo de su clase. Yo, al menos, reconozco que me sentía así.

La irrupción del grupo armado y violento dentro de la FAU es otro caso más de las agresiones que sufren la Universidad y la sociedad venezolanas por causa de la política que el “gobierno” (régimen) ha sostenido al fomentar y mantener grupos paramilitares, adoctrinados para atacar a una parte de la ciudadanía, bajo la excusa de “defender la revolución”.

Lo que vivimos ayer es sólo una fracción de la realidad que, en mayor escala y gravedad, han estado viviendo nuestros conciudadanos de San Cristóbal, Mérida, Valencia, Maracay, Ciudad Guayana, Altamira, Chacao, Los Ruices, Montalbán y tantas otras localidades más de nuestro país. Es apenas un pálido reflejo del miedo con el que diariamente viven nuestros conciudadanos habitantes de los barrios.

Desde otra perspectiva, a los datos concretos de más de setenta casos de actos vandálicos y criminales que han asediado a la comunidad y patrimonio de la UCV durante estos quince años, sin haber recibido justicia en ninguno de ellos, se suman el hecho de ayer en la FAU y las condiciones de allanamiento de nuestra autonomía ejecutada por fases por parte del régimen en todo este tiempo: insuficiencia presupuestaria plena, intervención política, discriminación y represión.

Esas circunstancias las compartimos por igual con las otras universidades autónomas del país (incluso me atrevería a afirmar que con todas las otras) y se han agravado por los hechos que agobian a la sociedad venezolana por causa de la incapacidad del funcionariato para cumplir con sus deberes, pues han provocado ruina económica de la Nación, imperio de la delincuencia, militarismo, violación de Derechos Humanos e impunidad. Es un funcionariato cuyo único objetivo político es detentar el poder por el poder, polarizando políticamente a los ciudadanos, fomentando la lucha de clases, para seguir subyugándonos a las miserias de sus perversiones.

Ante este panorama, en mi opinión, es evidente que la Universidad está prácticamente imposibilitada de cumplir con la misión que la sociedad le exige, por causa del brutal ataque que el régimen sostiene en contra de ella; pues es el único bastión que no ha podido conquistar para tener el control total y absoluto de todo el sistema institucional del Estado.

Es esta la verdad que actualmente los universitarios venezolanos estamos en el deber de reconocer y exponer ante el país: estamos enfrentados ante un régimen dictatorial militarista, oclocrático, autocrático, anómico, corrupto, forajido, de rasgos fascistoides y talante tiránico.

Es un régimen enemigo de la Universidad.

En este momento, esa es la sombra que la UCV y todas las Universidades venezolanas estamos en el deber de vencer.






















© Hernán Zamora

Caracas, 20/03/2014

8 de mar. de 2014

Esto no es una ciudad

Un helicóptero cruza y se aleja
del cielo que nos abarca

El aparato va y regresa
recorre las grietas que habitamos
pero no se suspende en ningún lugar

¿Para qué?
el suspenso se alojó
dentro de cada uno de nosotros

Por eso ya no somos

No somos nuestros






















Fotografía: "La azotea y los vecinos", cortesía de:
© Ángela Bonadies, 2014



© Hernán Zamora
(texto publicado originalmente en: No somos nuestros. Caracas: La nave va, 2003)

22 de feb. de 2014

Otro caso de tortura a un estudiante, por protestar en Venezuela

Luis


Cuando terminé de hablar por teléfono con Luis, sentí el pecho oprimido.

Él es uno de los estudiantes a quienes tengo el honor de acompañar en el curso final de su carrera, es decir, le falta aprobar pocos créditos para graduarse de arquitecto. Es un estudiante entusiasta, muy crítico, sumamente dedicado; movido por un intenso deseo de realizar con excelencia su trabajo; tan exigente consigo mismo como lo es con sus profesores; siendo una persona honesta y solidaria es, sobre todo, un ciudadano consciente y responsable.

Luis Gutiérrez decidió unirse a las protestas del movimiento estudiantil universitario, afinadas a partir de la inseguridad personal que sufrimos todos los venezolanos, de la que él mismo y tantos otros compañeros de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV han sido víctimas desde hace tiempo, cada vez con más frecuencia. La inseguridad es la primera razón de las protestas, pero va unida a muchísimas otras causas que nos aquejan: la crisis económica que ha minado todos los demás aspectos de la vida nacional, agravadas por la polarización política que ha construido sistemáticamente el régimen, y el cinismo con el que ese mismo régimen acusa a cualquier disidencia u oposición.

La noche del 19F, en Los Salias, junto a otras personas, Luis fue detenido por observar lo que estaba sucediendo en su ciudad. Los obligaron a acostarse en el suelo, boca abajo. Entonces, vio cómo un GNB golpeaba a quien estaba a su lado. Por ser testigo de esa desgracia, el déspota funcionario se volteó hacia Luis y le pateó la cara. Una bota militar es un arma. La rabia de un militar descargada contra un civil indefenso es un crimen de lesa humanidad. Luis necesita ser operado. Tiene la nariz y el arco orbital de su ojo izquierdo fracturados. Milagrosamente, no perdió el ojo.

Para mayor indignación aún, estuvo incomunicado hasta muy entrada la noche del 20F. Me contó su hermana que no lo trasladaron al centro de salud sino sólo cuando se desmayó del dolor. Y en el centro de salud  ha estado rodeado de guardias, pues permanece en condición de detenido; esposado hasta último momento. ¡Cómo si fuera un vulgar delincuente!

Es una situación insoportablemente indignante.

Este es otro caso de los numerosos hechos de detenciones injustas, violatorias del debido proceso. Para mayor gravedad, otra deplorable noticia de torturas y violaciones de los derechos humanos, en los que han incurrido las mal llamadas fuerzas del Estado, irresponsablemente dirigidas por el funcionariato de este régimen.

Lamentablemente, es también otro caso que ha de sumarse al saldo rojo de la desatada violencia, hechura de represión y guarimbas. Ambas, degeneradas formas de negación de la legítima y constitucional protesta pacífica –a la que todos los ciudadanos de este país tenemos pleno derecho.

Es el de Luis un caso que no puedo ver aislado del asalto violento que sufrieron estudiantes y profesores de nuestra Facultad el pasado jueves 13F, donde otro compañero resultó sumamente lesionado. Sería infame si yo cerrase los ojos ante ese ataque, proveniente de uno de los grupos armados que este régimen ha alentado. Sería ruin si no viese a ambos situados en el conjunto de hechos violentos que están sucediendo, por lo que así como rechazo la represión, rechazo también los delitos que conllevan las actividades guarimberas; a las que ya, lamentablemente, hay que sumar dos de los diez muertos que van en el transcurso de esta situación de conflicto hasta hoy; la más cruenta acaso sea la muerte del seño Santiago Pedroza, degollado por una acción guarimbera en la avenida Rómulo Gallegos, sector Nuevo Horizonte, la noche del 21F.

Consternación, dolor, vergüenza y tristeza, siento por el asesinato del señor Pedroza. Por lo que le sucedió a Luis y a todos lo que como él han sido torturados o asesinados por funcionarios militares o policiales, siento, además, una asfixiante rabia.

El poeta José Delpino ‏tuiteó que quienes integramos la sociedad venezolana construimos diariamente una máquina de incubar rabia. Creo que sí. Él dice también que todos por igual participamos en ello. No estoy de acuerdo.

Quienes aún siguen aferrados a la promesa del proyecto socialista que el funcionariato del régimen ha alimentado desde hace quince años, tratan de aminorar la gravedad de los hechos. Lamentablemente, se hacen eco de las líneas discursivas de ese funcionariato: cuando no pueden restregar insultos contra la oposición, cuestionan la veracidad y calidad de videos y fotografías, cuestionan si fueron balas o perdigones, cuestionan si les tiraron piedras o molotovs, si rompieron un vidrio o quemaron una camioneta, si atacó primero este o aquel. Como ya están acostumbrados a hacer, si no hay un enemigo dirigiendo una “guerra” ad hoc, entonces desplazan toda culpa sobre las víctimas: que si no debió haber estado ahí, que si no debió haber hecho tal o cual cosa. Así como también lo hacen con el resto de los problemas nacionales: la inseguridad es porque nos descuidamos y no ocupamos los espacios; las fallas eléctricas suceden porque derrochamos la energía; el desabastecimiento es porque consumimos demasiado, etcétera. En suma, el régimen sería perfecto y nuestro país un paraíso si no fuera por nosotros, culpables de todos sus males. Cinismo en su estado más absoluto.

El problema adquiere un matiz más doloroso cuando uno conversa o lee lo que algún colega, con un biográfico resentimiento comunista a cuestas, replica a través de las redes sociales.  Por dar un ejemplo, me topé con una imagen bajo el título: “útiles escolares leopoldinos”; en la que, en primer plano, dispuestos en un banco de un espacio público, como si de una rueda de prensa se tratase, se ven un bate, tubos, garrafas de gasolina, fósforos y varias bombas molotovs preparadas; en segundo plano, las piernas de militares. A través de esa imagen, ese colega, a quien entiendo que no quiera rendirse ante la desilusión que le implican los hechos, intenta justificar las acciones represivas del gobierno. El argumento tácito es: “las fuerzas del orden están defendiendo a la nación de una desestabilización promovida por sectores empeñados en romper con el orden democrático y constitucional”. Si ese argumento fuese cierto, pareciera que las acciones represivas están justificadas y ese “arsenal” lo comprueba.

Nada justifica una bala. Así escribió en su cuenta de tuíter Linsabel Noguera, sensible promotora cultural de nuestro país. Estoy plenamente de acuerdo con ella. No podemos perder la proporción de las cosas: por encima de todo está el respeto a la vida humana y a la integridad física y psicológica de las personas. Nuestros actos no pueden ir contra esos principios irrenunciables, en ningún momento.

No estoy de acuerdo con que “todos” tenemos “igual” responsabilidad en el curso de los acontecimientos. Por mucho que la Defensora del Pueblo quiera hacernos creer que los funcionarios policiales y militares del país están cabalmente entrenados, casi rogándonos que los admiremos y respetemos, diciéndonos que cumplen con precisión lo pautado en el Manual de Uso Progresivo y Diferenciado de la Fuerza Policial, no puedo creerle. Ellos deberían tener, en teoría, el monopolio de las armas y, por lo que sabemos, el régimen ha creado grupos paramilitares para “defensa de la revolución”. El caso es que el Art. 68 de la CRBV LOSPCPNB* posibilita «El traspaso en el uso de la fuerza mortal...», como grado último en la escala del uso de la fuerza para reprimir situaciones. Esto es, en mi criterio, un asunto que contradice el "principio de afirmación de la vida". Ningún funcionario policial ni militar debería tener en sus manos la decisión del "...uso de la fuerza mortal...". De esta posibilidad se derivan todos los abusos de poder y torturas. ¡Cuántos casos no hemos conocido ya de asesinatos fundados en la “autoridad” que esa posibilidad plantea! ¡Cuánto control ha perdido el Estado al crearse estados paralelos dentro de nuestra ciudad, donde el régimen ha cedido frente a los paramilitares! La credibilidad de todo nuestro sistema de justicia está en entredicho, por mucho que el funcionariato se empeñe en negarlo. Los ciudadanos estamos íngrimos ante esa realidad.

Por eso, el asunto de la violencia no puede despacharse apelando a un “equilibrio” imposible; inmoral, como lo califica el profesor Erick Del Búfalo, pues el régimen ha acopiado tal nivel de fuerza, tal extensión de poder, unido a un discurso constructor de una política de polarización orientada hacia la aniquilación, simbólica y real, del otro (de quienes lo adversamos), que oculta tras esa aparente división de nuestra sociedad entre chavistas y no-chavistas, la realidad de que estamos ante un régimen de talante tiránico. Un régimen que sólo se complace en teorías golpistas para esconder la inconmensurable negligencia con la que ha traído a nuestra Nación a la crisis que atravesamos.

Rechazo categóricamente toda forma de violencia; pero aborrezco con todas mis entrañas la violencia del poderoso.

Esa patada que desfiguró a Luis es simbólicamente la patada que durante quince años ha estado dando el régimen en la cara de nuestra ciudadanía, con cada cadena, cada insulto, cada flagrante mentira; con toda la rabia y la fuerza de su mortal ambición de poder.

Gracias a Dios, esta vez, Luis resistió. Su espíritu está intacto. Ojalá sus esperanzas y sus sueños también puedan estarlo.

A través de estas líneas, te manifiesto, querido Luis, cuentas conmigo para ello.

A tu familia, mi solidaridad.


h.

Caracas, 21 de febrero de 2014

* Fe de erratas: donde dice: "CRBV" debe decir "LOSPCPNB (Ley Orgánica del Servicio de Policía y del Cuerpo de Policía Nacional Bolivariana). Agradezco al Prof. José Manuel Rodríguez su crítica, pues así pude darme cuenta de mi error. 03/03/2014; 3:24 pm

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Postdata #1: antes de publicar este texto, pude hablar con la madre de Luis. Son las once de las mañana del sábado 22F, tres días después que fuese brutalmente golpeado. Él se encuentra de buen ánimo, pero no ha sido operado aún, debido a la ausencia de implementos necesarios para la intervención quirúrgica. No hay certeza de que puedan operarlo hoy.  Ahora, para más preocupación, la familia de Luis sufre del desabastecimiento de los insumos necesarios para su recuperación, como sucede a tantos conciudadanos nuestros que están afectados por la falta de medicamentos, implantes y certezas que le salven la vida, la cotidianidad, el futuro.

Luis sigue custodiado por funcionarios, como si fuera un delincuente.


Supe que a su hermano lo liberaron en la madrugada de hoy, también golpeado, pero sin heridas graves que lamentar, gracias a Dios.


Su mamá me dice que, a pesar de todo, se siente un poco más calmada.


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Postdata #2: a las 10:00 pm de hoy me enteré por las redes sociales del CEA.FAU.UCV y de una de sus compañeras, Génesis Rojas, que hace dos horas Asistencia UCAB ( ‏@asistenciaucab ) informó:
"#LIBERADO Luis Gutiérrez. Régimen de presentación cada 45 días". Noticia que nos consuela parcialmente. Mi sincero reconocimiento y admiración por la labor realizada por AsistenciaUCAB. ¡Muchas gracias!

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Postdata #3: La profesora María Alejandra Rosales, Coordinadora Docente de la EACRV.FAU.UCV. comunicó lo siguiente: 

«Estimados amigos, les escribo porque luego de 48 horas en espera por material para operar a nuestro estudiante de décimo semestre, Luis Gutierrez (platino para reconstrucción ósea de partes de su cara) y por respuesta de los seguros médicos, los padres del muchacho me llamaron para pedir más colaboración; esta vez es monetaria, pues los estudiantes de nuestra Escuela ya habían ofrecido este tipo de ayuda durante estos días. Les extiendo a ustedes sus números de cuenta, ya que con las pólizas que tienen sólo alcanzan a la mitad de los costos de la intervención. Todos estamos en una situación difícil, pero definitivamente Luis esta mucho peor…algo podremos juntar y con ello ayudar a esta familia desesperada. ¡Muchísimas gracias!» 


(He suprimido los datos bancarios y de contacto, ver Postdata #5; domingo 23/02/2014; 10:00 pm)

Muchas gracias por el apoyo que puedan brindarle.


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Postdata #4: domingo, 23/02/2014; el hermano de Luis escribió en su muro de facebook:

«Buenos días, soy el hermano de Luis. Gracias a Dios él está bien, se mejora poco a poco, pero aún no lo han operado por cuestiones de papeleo y presupuesto. La operación cuesta 250 mil y el seguro sólo costea la mitad. Ya salió en libertad condicional, ayer le hicieron el juicio y todo está bien. Para quienes quieran colaborar con algo... (He suprimido los datos bancarios y de contacto, ver Postdata #5; domingo 23/02/2014; 10:00 pm) De antemano, gracias por su ayuda....»

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Postdata #5: Sofía Briceño, representante estudiantil del CEA FAU comunicó por la red social facebook, hoy domingo 23/02/2014, a las 9:30 pm, lo siguiente:

«¡Chicos, ya me comuniqué con la familia de Luis! Me dijeron que ya pudieron recolectar el dinero total para la intervención! ¡Gracias a Dios! Tienen pensado que mañana será la operación, ¡dependiendo ahora de la pieza! Y que están muy agradecidos con la colaboración de todo nuestro equipo, de sus vecinos y familiares! De pana que en estos momentos es cuando uno sabe con quien cuenta y pues ¡mil gracias por todo el apoyo recibido! Por las llamadas,  por el interés y el sentimiento de todo lo que están viviendo nuestros ¡UCEVISTAS!»

¡Me uno a sus palabras de agradecimiento y emoción por la buena noticia.!

¡Un abrazo a Luis Gutiérrez y a toda su familia!

Mis deseos por la pronta y exitosa realización de la operación y su recuperación.

Gracias especiales a Génesis Rojas, por su espíritu y compañerismo, por ayudarme a ayudar a Luis.

Un gran abrazo virtual de agradecimiento a todos los que de una forma u otra han colaborado en esta acción que nos hace crecer como universitarios sensibles y ciudadanos solidarios.




























El pensador (Auguste Rodin, 1880)
Fotografía de Adrían Arellano (Zahualli); tomada de wikipedia


© Hernán Zamora

17 de feb. de 2014

Carta abierta a los estudiantes universitarios de Venezuela

© Hernán Zamora

Apreciados estudiantes de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, en Caracas y en Barquisimeto; estudiantes de Arquitectura de la Universidad Simón Bolívar; estudiantes de las Facultades de Arquitectura y Diseño de La Universidad del Zulia y de La Universidad de Los Andes; estudiantes de Arquitectura de La Universidad Nacional Experimental del Táchira; estudiantes universitarios de toda Venezuela:

En este momento en que me dirijo a ustedes, los hechos hablan por sí solos:

La inseguridad es la más visible, igualitaria y terrible de todas las circunstancias que estamos viviendo en nuestro país; en el curso del último año se ha agravado en niveles y valores que ya resultaría criminal no reconocerlo.

Ha sido esa la gota que ha rebosado su enorme paciencia; esa luminosa paciencia fundada en la cualidad existencial que su juventud les otorga: la de que habrá tiempo para que algo, eso que nos preocupa y maltrata, pueda ser mejorado con el concurso de su propia acción.

Pero ha sido la inseguridad en nuestros centros de estudio la herida que los hizo decir en voz alta: ¡Ya basta! La sistemática violación de nuestras aulas llegó al punto de ser también el intento de violación de una de nuestras compañeras, de una universitaria. En ella, en su miedo, en su horror, todos nos hemos sentido reflejados en un grado ya insoportable, al reflejarse también en ella todos los crímenes de nuestros conciudadanos, de los que hemos tenido noticia durante estos últimos años, cada vez más. ¿Y por qué cuando nuestras aulas han sido profanadas, ha ocurrido también que ustedes se han hastiado? Me doy una respuesta hermosa y dolorosa a la vez.

Es hermoso comprender que nuestros espacios universitarios son, para muchos de nosotros, un refugio, una pausa, un sorbo de serenidad espiritual. Más allá de los retos que nos impone el saber, la exigente aventura de aprender, que en no pocas ocasiones nos estresa y afecta, sobre todo cuando no logramos alguna meta en nuestra carrera; más allá de todas esas naturales dificultades que hacen del saber un bien extraordinario y elevado, encontramos en nuestros campos universitarios, en nuestras aulas, corredores, bibliotecas, talleres, laboratorios y cafetines, el tesoro invaluable de reconocernos juntos en una convivencia virtuosa, capaz de acallar todas las angustias que nuestra vida cotidiana pueda presentarnos. Así, la razón hermosa por la que hemos logrado soportar tantos maltratos consiste en que nuestras universidades son la realización de una idea de hogar.

La razón dolorosa, contracara de esa realidad, surge cuando comprendemos que el crimen se ha instalado en el corazón de esa idea. Ahora sí, ya lo sabemos, sea ese hogar el país, nuestra casa o nuestra aula, el crimen se ha instalado en cualquiera de ellos y ya no tenemos refugio alguno donde recuperar nuestras esperanzas, nuestra confianza, nuestra alegría o lo que sea que cada quien siente que necesita recuperar en su refugio para afrontar a un estado de cosas que rabiosamente parecieran negar la vida.

La inseguridad es la punta del iceberg que ha fracturado los restos de nuestra integridad. Una integridad que se ha visto comprometida por muchas causas, entre las cuales, el incontrolable desabastecimiento de alimentos y medicinas es igual de grave y les ha afectado en muchas formas, una de ellas, sin duda, resulta en el fenómeno de las interminables colas, en las que se va perdiendo el valiosísimo tiempo que de su cotidianidad debería estar dedicado al estudio, a la investigación y al trabajo creador.

Esa integridad ha sido sistemáticamente arruinada en estos últimos quince años; agravando muchísimo más el comprometido estado que ya se tenía al término del siglo pasado. Nuestra Nación recibió al siglo veintiuno como una casa más o menos maltratada en su apariencia, sobre la que pretendíamos seguir construyendo pisos, ignorando o queriendo ignorar las severas filtraciones que se profundizaron por lustros, quizás siglos, en el terreno sobre el cual se asentaban anacrónicas fundaciones. Nuestro periodo democrático entre 1958 y 1999 parece hoy un suspiro en medio de una incesante asfixia.

El saber arquitectónico e ingeniero de nuestro tiempo actual reconoce las preexistencias y las valora; ha desarrollado conocimientos y técnicas para restaurar, para reparar, para salvar un bien patrimonial heredado, recuperando la integridad de lo edificado que se ha visto comprometido por el tiempo y nuestros abusos, para entregárselo a las generaciones futuras y permitirles el beneficio de ese bien.

Por eso es posible pensar que con el concurso y la colaboración de todos los ciudadanos que habitamos este país, nuestra Nación pudo haberse recuperado, pudieron haberse reparado las enormes filtraciones, cambiado las fundaciones, sustituido los agregados errados y permitido que las partes admirables, logradas por las generaciones que nos precedieron, tuviesen la presencia que les corresponde en la conformación de la historia de nuestro ser nacional.

Pero lo cierto es que el plan llevado a cabo por quienes han recibido el encargo de gobernar desde 1999, no ha sido otro que el de hacer tabula rasa de todo lo construido para pretender erigir otra Nación a imagen y semejanza de sus fantasmas doctrinarios. Llegó a presidir todos los poderes del Estado una generación de personas más preocupadas por vengarse que por construir, más convencida de luchar que de trabajar, más dispuesta a rendir culto que a conocer, más ávida de poseer que de producir. Una generación canallesca que se ufana de la más grave de todas perversiones del espíritu: se dicen poseedoras de “la verdad”.

Ese funcionariato se ha constituido en lo que considero un régimen (lo que otra parte de nuestros conciudadanos aún cree un gobierno). Se trata de una entidad perversa, brutal, poderosa; difícil de apaciguar con la razón, la imaginación y la palabra. ¿Cuán equivocado estoy en mis percepciones? Cada día dudo de mí, pero más aun dudo de quienes con un despiadado arsenal de propagandas, nos dicen que tienen “la verdad”, que ellos son nobles, elevados y buenos; que debemos creerles convencida, disciplinadamente y que debemos aceptar con absoluta sumisión lo que nos dicen y hacen porque nada será mejor que lo que ellos nos ofrecen. Es un funcionariato de cínicos que, pervertidos por el exceso de poder, se están orientando hacia actitudes cada vez más despóticas.

Por otra parte y males mayores, los actores políticos que han asumido la responsabilidad de coordinar acciones de oposición al régimen aún no logran superarse a sí mismos, les cuesta sostener la necesaria unidad, no han podido ofrecer un proyecto de país en el que se sientan incluidos quienes hoy se piensan representados o beneficiados en el proyecto castrocomunista que nos coloniza, quienes legítimamente apoyan el proyecto socialista y quienes no se identifican con ninguna de las alternativas.

Los ciudadanos estamos en el fuego cruzado de entidades que desconocemos, arrastrados en su guerra por la más ruin de las avaricias: la del poder por el poder.

No puedo enumerar todos los hechos que nos han traído hasta aquí; que me tienen escribiendo estas palabras para ustedes. Ustedes los conocen mejor que yo, porque son protagonistas. En este momento en que escribo, una parte de la ciudad en la que me encuentro se manifiesta haciendo ruidos intensos con sus cacerolas, pitos, cornetas, gritos. Ambulancias y disparos cruzan el mar de ruidos. Mientras tanto, quien está en la presidencia de la República sigue acusando a una parte del país, tachándola de vendida, de golpista, fascista y un largo etcétera, tan largo como lo que hemos tenido que oír en cada uno de todos los días juntos que han transcurrido en estos quince años. Mientras tanto, también, sólo las redes sociales por la Internet permiten a la ciudadanía enterarse de la otra realidad que está aconteciendo tras las parafernalias instaladas por la maquinaria gobiernera.

En este momento, sin embargo, quiero destacar cuatro clases de hechos adicionales a la inseguridad que desató los eventos sucedidos entre el 04 y el 16 del febrero que transcurre: primero, la represión violenta contra los protestantes, llegando al asesinato; segundo, la criminalización y detención violenta, indiscriminada y masiva de los protestantes, atentando contra derechos humanos y civiles; tercero, el silencio comunicacional casi absoluto y cuarto, la más grave de todas, las torturas de las que han sido víctimas las personas detenidas. Ante todos estos hechos, documentados por ustedes y por las organizaciones no gubernamentales que han dado su auxilio, el funcionariato gobiernero se presenta siempre como la más inocente de las víctimas, como indiscutible poseedor de toda verdad y razón, con la más abyecta negligencia. Lo que se ha vivido esta semana es sumamente doloroso para quienes han sido víctimas directas. Sumamente vergonzoso e indignante para todos los que habitamos este país.

Por todo esto he pensado mucho en ustedes. Creo comprender sus angustias, sus emociones, su espontaneidad y su necesidad de actuar. También sé, no me engaño, que allende todas las críticas que se les ha hecho a sus decisiones y acciones en estos días, ustedes tienen formas de organización y enfoques que yo desconozco. Sin embargo, los hechos se han vuelto mucho más complejos, difíciles.

Por eso me permito sugerirles no distraer su atención de los siguientes objetivos:

  1. En ningún caso, bajo ninguna circunstancia, debemos apelar a la violencia ni al enfrentamiento físico ni psicológico. Esto nos impone una disciplina espiritual muy exigente: ser los primeros promotores de la cultura de paz que el país requiere con urgencia.
  2. El devenir de los hechos impone una razón para sustentar la protesta, por encima de las originales: exigir justicia para aquellos ciudadanos que, en el curso de los hechos de estos días, han sido torturados y asesinados. Tanto en esta, como en las dos siguientes, los procedimientos han de ser constitucionales y legales, dirigidos inequívocamente a las instituciones y funcionarios responsables.
  3. Insistir en la segunda razón que surgió de los acontecimientos vividos: exigir la liberación inmediata y total de quienes han sido detenidos injustamente en los actos de protesta.
  4. Recuperar la razón original de las protestas de estos días: exigir todas las acciones y políticas necesarias que restauren un estado de plena seguridad personal y respeto por la vida y los derechos humanos en nuestra sociedad; incluyendo el mundo universitario.
  5. Comprender que las exigencias de los universitarios están en resonancia y requieren de articulación con todos los otros aspectos que aquejan la vida y las posibilidades de verdadero desarrollo de nuestra sociedad (la salud, la educación, la economía).


Paz, justicia, libertad, seguridad y desarrollo: cinco principios con los que los universitarios podemos inspirar y fortalecer las reivindicaciones que nuestros conciudadanos vienen haciendo desde la realidad de sus vidas.

Reitero que reconozco lo difícil que resulta, al punto de parecer casi imposible, someter a este régimen: su ambición de poder y su talante tiránico, lo han convertido en un animal sumamente peligroso. Mas las acciones de ustedes en esta dura semana le han quitado la careta: lo han expuesto como la dictadura militar comunista que realmente es.

Sin embargo, por favor, cuídense: ustedes no son “superhéroes”. Ya es hora de que nuestra sociedad deje de exaltar a los estudiantes como personajes mitológicos, con los cuales exculparse de indiferencias y apatías. Ustedes no deben protestar solos. Junto a ustedes están y deben hacerse más presentes aún otros actores de la sociedad civil, como los profesores. Sin duda alguna, en estos duros días, han recibido el loable apoyo de periodistas y abogados. Por eso, a pesar de que atravesamos un duelo por el horror que estamos viviendo, por la eficacia con que el régimen continúa inoculándonos desesperanza, al punto de sentir que este pasado 12 de febrero nuestro país murió un poco más; a pesar de todo eso, la voz de ustedes junto a periodistas, abogados y tantos otros actores de la sociedad civil que se unen en sus voces de protesta, también nuestro país puede entrever nobles y abiertos horizontes.

En todo caso, por favor, excúsenme tantas palabras. Les confieso que no tengo una idea más clara de cómo salir de esta trampa en que estamos metidos; cómo sobrevivir a este campo minado que estamos atravesando. Reconozco con vergüenza que siento mucho miedo. Ante ustedes, desde mi misión de profesor, sé que el hecho de que el miedo me paralice no me autoriza a nada. Al contrario, me inhabilita. 

Lo único que pareciera que tengo bastante claro es que en estos momentos no puedo decirles de ningún modo cómo actuar. En cambio sí puedo pedirles, rogarles, insistirles que se cuiden, que sean responsables, que actúen correctamente, siendo inteligentes, civiles, ciudadanos, pacíficos.

Me despido destacando que somos compañeros en esto de vivir en Venezuela, en este momento de este siglo, tratando de aprender una profesión hermosa.

Fraternales saludos.


h.

Caracas, 16 de febrero de 2014





















Fotografía de Adam Baum, 17.02.2014
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